Enric Montefusco (Poble Espanyol, 23/07/20)

Enric Montefusco (Foto: Cruïlla)

“Digan lo que digan…”

Digan lo que digan, Enric Montefusco sigue buscando su voz y su camino en su ya dilatada carrera. Una carrera marcada por el inconformismo que, después de tantas etapas y muchísimo esfuerzo, parecía (falsamente) desembocar en cierto estatus de grupo de culto, para, de forma sorprendente, dar un giro radical hacia la sencillez.

Sí, se le puede llamar radical si atendemos a la etimología del término: Montefusco lleva media década adentrándose en las raíces (de la forma y el fondo, de la lírica y de la prosodia, de lo personal y de lo político) para componer unas canciones, unos episodios de vida veraces, radicalmente auténticos. No es de extrañar que la comunión con el público, aun con el distanciamiento social y la media entrada que lucía el jueves la plaza mayor del Poble Espanyol en el ciclo ‘Cruïlla XXS‘, fuese ayer (igual que siempre) tan intensa, porque nos apela, con las estampas cotidianas, con el verbo directo, a nuestro ser más auténtico, de los que compartimos un acervo cultural y generacional que nos marcó a los hijos del baby boom (boomers que nos llamáis ahora), criados en barrios y ciudades densas y humildes de la periferia, que heredamos unas mochilas (“mi madre no me ha enseñado a amar, mi padre solo me ha enseñado a trabajar”, unos de los versos de la elegía a la vida de las periferias de “Obra maestra”, o esas casitas de colores del barrio del Singuerlín de “Meridiana”, que se ven saliendo de Barcelona por la Meridiana, a la derecha, más allá del nudo de autopistas de la Trinitat, a caballo entre Santa Coloma de Gramanet i Montcada i Reixac, paradigma de los paisajes urbanos de la migración peninsular y de la época del desarrollismo).

Enric Montefusco (Foto: Cruïlla)

Sin embargo, a cualquier profano que se asome a Meridiana (Sony, 2016), Diagonal (El Segell del Primavera, 2019) o, sobre todo, el EP colaborativo Coros de medianoche (Buena Suerte, 2018), o aparezca en alguno de los conciertos de Montesfusco sin más información, le puede extrañar que unas canciones que parecen abrazar el folklore de la península se las pueda llamar radicales. Pues así es desde el momento en que Enric se empeña, disco tras disco y concierto tras concierto, ya sea en solitario (como ayer, voz —siempre imponente, recia y perfectamente timbrada— y guitarra acústica) o en formato banda, a derogar la distinción artista / público, en abolir la frontera que separa escenario y platea, en hacer de su música la música de todos, compartida, popular. Hay en ese esfuerzo una generosidad que, claro está, no puede sino remitir a cantadas a la vera de la hoguera, en fiestas populares, a sabor de verano y coros de grillos en los bosques alrededor del pueblo o el rumor del Mediterráneo al que cantaba Serrat. Y es por eso que ese acercamiento al sonido más popular es necesario. Forma y fondo, aquí, se complementan y se potencian como pocos artistas pueden afirmar hoy en día.

Enric Montefusco (Foto: Cruïlla)

Mucho de eso tuvo el concierto, de comunión y de fiesta mayor, pero también de trovador de vanguardia que le saca las vergüenzas tanto a los tontos como a los poderosos (bueno, igual eso ha sido reiterativo…) que arrancó y culminó con “Todo para todos”, una de las canciones más paradigmáticas de esta etapa de reivindicación del concepto de comunidad, de canto a la empatía y a la solidaridad. Se notan ya esos años de trabajo, años para engrasar las canciones y para baquetearlas en escenarios; en bajar, en tiempos de la anterior normalidad, al patio de butacas o a la tierra de los festivales y mezclarse con el público, compartiendo las estampas de una infancia de duro trabajo para todos: padres y madres en trabajos alienantes, hijas e hijos estudiando para un futuro que nos decían prometedor y para el que nuestros mayores se deslomaban, el fantasma de la miseria atrás en el tiempo y en el pueblo; imágenes de clases de música con ese instrumento de tortura que fue la flauta dulce, Tele 5, el Equipo A y las pelis de acribillar. Si las metáforas de Meridiana, que formaron el grueso del repertorio que sonó ayer en el cálido anochecer de Montjuïc, apelan a esos niños que crecimos con las rodillas peladas y remontando los paisajes grises, el interior y el exterior, Diagonal es más guerrera, y ahí están esas canciones para removernos y, quién sabe, hacernos un poco mejores, ¿por qué no?, que la música llama a combatir pero también a sanar: “Quien abre camino” sonó, a falta de banda y con el público aún dubitativo, como metáfora propia de quien se arriesga y, a pesar del silencio, sigue adelante, porque alguien habrá que siga su camino. Ojalá sea así. “Hermosa España” con sus estampas esperpénticas tan de Valle-Inclán, e “Himno de Europa” fueron las canciones explícitamente políticas que comentó con el público.

Enric Montefusco (Foto: Cruïlla)

La generosidad y ese trabajo también se traducen en que un concierto, y más en formato tan íntimo, de Enric Montefusco, es también una puerta abierta a su intimidad: cada vez se muestra más cómodo, charlatán y dicharachero, y se nota que disfruta de ese contacto con el público, a quien le cuenta los secretos detrás de cada canción, las ideas, las preocupaciones, las imágenes, el pasado, las influencias, y no duda en discutir si estamos hablando de conciencia compartida, de conciencia de clase o de la angustia por el futuro. Tan cómodo se lo veía ayer que incluso el himno a su pesar “Adelante Bonaparte” (Adelante Bonaparte, Buena Suerte, 2010) sonó tierna y gloriosa; y quizá la canción más querida en su carrera, el punto de inflexión “¿Por qué me llamas a estas horas?” (Vivalaguerra, Buena Suerte, 2006) ese “Born to Run” infinitamente más crudo e introspectivo que es la oportunidad en la crisis; entonces la del futuro de la banda, pero extensible a cualquier encrucijada, personal o colectiva. Por las que todos pasamos, como la que estamos viviendo. Es normal que nunca deje a nadie indiferente, e incluso en la calma del Poble Espanyol, aún nos estremezcamos cuando oímos su voz voz voz voz.

Montefusco retomó el “Todo para todos” para cerrar un concierto que apenas llegó a la hora y en el que demostró que, además de las ganas de retomar el contacto con el público, de saltarse ese confinamiento social y cultural que tan tocados nos ha dejado, cada vez se lo ve más cómodo, como si la comunión con el público nos haya sanado a todos en esa catarsis encarrilada a través la música más popular, radicalmente popular, con la valentía de retratar una (o varias) generaciones desde los orígenes, reivindicando esos espacios humildes, de duro trabajo, de casitas de colores, y sin por ello renunciar a la honestidad ni a la lucha.

 

Escrito por

Letraherido y juntaletras. Físico de titulación que ejerce (poco) en una editorial de género fantástico. Me caí en un caldero de britpop ya de mayorcito y desde entonces le doy a todos los palos del indie y de más allá. Flamenquito lover. Sé bailar sevillanas. En mi epitafio pondrá “Esta noche no iba a salir”. Common people like you.

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