Jeff Tweedy (Paral·lel 62, 12/02/26)

Jeff Tweedy (Foto: Christian Bertrand)

Una imagen vale más que mil palabras de una crónica, y la imagen que resume el concierto no se vio sobre el escenario, sino debajo y alrededor. Imágenes como la siguiente (pido disculpas por adelantado por la calidad de la imagen y la mala traza de quien esto escribe y que no sabe usar la cámara del móvil):

Jeff Tweedy (Foto: Àlex Vidal)

Tres personas abandonadas a los compases de “Forever Never Ends”, las tres con sendas sonrisas de alegría, la mano en el corazón. Alegría. Emoción. Ambas tejerían los lazos que hermanarían en gozosa comunión al público asistente. Dice mucho de la generosidad de Jeff Tweedy, un orfebre de la canción, que regala cancioneros prolijos (su triple ‘Twilight Override’ con treinta cortes que demuestran que al de Chicago se mantiene ad aeternum el prime), imparte dos horazas de concierto (vale, los viejos del lugar sabemos que dos horas era, años atras, lo mínimo que se esperaba) sin aspavientos ni alharacas, y que, como buen currante, al poner todo el empeño y esmero en el arte, elude los focos. Un concierto que se puede disfrutar con los ojos cerrados, con la mano en el corazón y el espíritu en éxtasis.

Jeff Tweedy (Foto: Christian Bertrand)

Además, ‘Twilight Override’ es prueba fehaciente, como bien decía nuestro querido compañero de aventuras Rubén García, de la vigencia de la música de Jeff Tweedy: demuestra que aún tiene mucho por contar, melódica y líricamente, y lo aleja de ese grupo de artistas añejos, cuyos estertores pueden proporcionarles pingües beneficios (o no), pero que dan un pelín de grima. Otra muestra de la grandeza de su generosidad sí que se encontraba sobre el escenario: la banda, formada por un grupo de jóvenes talentos, entre los que se encuentran sus hijos Spencer (batería) y Sammy (teclados y voces), unidos por lazos de amistad y de proyectos musicales; Sima Cunningham, que hizo de telonera en Barcelona presentando su trabajo en solitario (‘High Roller’, Ruination Records, 2024), a la guitarra, bajo y voces; su compañera en Finom, Macie Stewart (que abrió para la banda en Madrid; otra muestra más de generosidad), a la guitarra y violín, y Liam Kazar, asiduo de Kevin Morby y Waxahatchee junto a Stewart, a la guitarra, bajo y voces. (Sí, Kazar presentaría su trabajo en París; los tres artistas se van turnando durante la gira.) ¿Mentor y alumnos? Más bien hablaríamos de familia por el buen entente que se siente y se presiente, tanto en el sonido como en el ambiente. Conociendo a Tweedy, sabemos que hay mucho trabajo tras la cohesión, pero no solo eso, no, es imposible que no haya nada más que haya cimentado una banda tan precisa, coherente y deliciosa.

Sima Cunningham (Foto: Christian Bertrand)

Por su parte, Sima Cunningham ofreció un repertorio firme, aguerrido en cuanto a actitud y con momentos en que no escatimaba la belleza del verso a media voz. Cuatro canciones de su debut, que desnudó a su mínima expresión (guitarra acústica y versátil voz de contralto), embebidas de country y soul y ejecutadas con convicción; además de un tema extra, ‘As You Are’, de Finom, para la que Macie Stewart se unió al violín, una delicada polifonía pregrunge, Antes, ‘For Liam’, la elegía a un tío aquejado de afasia e incapaz de comunicarse, brilló por la desgarradora necesidad de alcanzar ese espacio cerrado; y ‘Your Bones’ es el deseo, cercano a la música de cantautora, de un mundo mejor para su hija, a la vez que asume que, un día, volará por su cuenta.

Jeff Tweedy (Foto: Christian Bertrand)

En el magnífico catálogo/autobiografía ‘Un mundo en cada canción’ (Contra, 2023), los Beatles es el único grupo del que menciona… todas las canciones. Es tan vasta la influencia de los Fab Four que es de justicia reconocerla, pero la cosa iba más allá, pues en no pocas ocasiones me pareció sentirlos tal como los escuchaba en la soledad del estudio: canciones amplias, con gancho, precisas, directas, tan engañosamente fáciles y con esa cualidad que empieza a escasear hoy en día: variedad. Dándole la vuelta al título, en el repertorio de la noche (veinticinco canciones, casi todas de catálogo propio y algunas de Tweedy —la banda formada con Spencer—, sin necesidad de echar mano a Wilco) cada canción es un mundo, autónomo, autocontenido, orbitando su propia trayectoria en el firmamento. A veces la influencia es tan palmaria como en ‘Low Key’, en la que casi parece asomar alguna línea de ‘Gimme Some Truth’; pero, sobre todo, aun a temor de repetirme, su espíritu está en la calidad de la composición y en esa capacidad de aferrarse a las meninges y no soltarte en toda la noche.

Spencer Tweedy (Foto: Christian Bertrand)
Sima Cunningham (Foto: Christian Bertrand)

En esa amplia panoplia, ‘One Tiny Flower’ (no se me ocurre mejor canción para empezar un concierto) sonó delicada, empezando trémula para expandirse como la sonrisa de Jeff cuando, me imagino, prevé que va a ser una gran noche. Hubo más momentos de calma (‘Love Is the King’, cuya ejecución sumió al público en un silencio reverencial; ‘New Orleans’, en la que Tweedy bromeó con el público sobre la conveniencia de chistar a la gente maleducada en los conciertos, y menos mal, porque las guitarras plañideras de esta balada son una delicia; ‘Cry Baby Cry’, más cercana a la americana intimista) y también para experimentar más allá del corsé Wilco: escúchense ‘Parking Lot’, un spoken word desasosegante, o ‘No One’s Moving On’, que mezcla el folk con el motorik (¿a que parece imposible?). Y qué decir de ese ‘Feel Free’ que muta en cada ejecución, en cada concierto, y que uno podría suponer que es el leit motiv del bueno de Tweedy: aferrarse a la libertad creativa.

Pero también hubo espacio para otras sonoridades: las aristas de la Velvet Underground en ‘Lou Reed Was My Babysitter’, pero si hay que destacar alguna pieza que sea representativa del talento como narrador de Tweedy esta sería ‘Stray Cats in Spain’, donde la narración de lo pequeño, de lo anecdótico, resuena con la potencia de lo universal. Entre los bises, regaló al público de la Ciutat Comtal una versión (que confesó habían ensayado esa mañana; visto lo visto, así fue) del ‘Spanish Bombs’ de The Clash que sabe a gloria y a libertad en estos tiempos que corren.

Jeff Tweedy (Foto: Christian Bertrand)

Con el corazón henchido, los oídos tintineando y la nota mental de que, por muchas veces que lo hayas visto, siempre hay que asistir a los conciertos de Jeff Tweedy/Wilco (precio de la entrada mediante), la banda se despidió discretamente (el trabajo sobre las tablas habló por ellos) se apagaron las luces del escenario y nos fuimos, sonriendo, contentos, rodeados de caras felices y comentando el que quizá sea uno de esos conciertos que aparecerá en las listas de lo mejor del 2026.

Jeff Tweedy (Foto: Christian Bertrand)

Setlist Sima Cunningham:

  • Nothing
  • High Roller
  • For Liam
  • Your Bones
  • As You Are (canción de Finom)

Setlist Jeff Tweedy:

  • One Tiny Flower
  • Caught Up in the Past
  • Parking Lot
  • Forever Never Ends
  • This Is How It Ends
  • Low Key (canción de Tweedy)
  • World Away (canción de Tweedy)
  • KC Rain (No Wonder)
  • Having Been Is No Way to Be
  • Mirror
  • Gwendolyn
  • Love Is the King
  • Out in the Dark
  • Cry Baby Cry
  • Flowering (canción de Tweedy)
  • New Orleans
  • Diamond Light, Pt. 1 (canción de Tweedy)
  • No One’s Moving On
  • Feel Free
  • Lou Reed Was My Babysitter
  • Play Video

Bises:

  • Twilight Override
  • Family Ghost
  • Spanish Bombs (cover de The Clash)
  • Enough

 

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Lletraferit i ajuntalletres. Físic de titulació que exerceix (poc) en una editorial de gènere fantàstic. Vaig caure en un calder de britpop ja de grandet i des d'aleshores li dono a tots els pals de l'indie i més enllà. Flamenquet lover. Sé ballar sevillanes. Al meu epitafi posarà “Aquesta nit no anava a sortir”. Common people like you.

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