Fujiya & Miyagi (El Pumarejo, 23/02/24)

Fujiya & Miyagi (Foto: Meritxell Rosell)
Fujiya & Miyagi (Foto: Meritxell Rosell)
Fujiya & Miyagi (Foto: Meritxell Rosell)
Fujiya & Miyagi (Foto: Meritxell Rosell)
Fujiya & Miyagi (Foto: Meritxell Rosell)
Fujiya & Miyagi (Foto: Meritxell Rosell)
Fujiya & Miyagi (Foto: Meritxell Rosell)
Phoac (Foto: Meritxell Rosell)
Phoac (Foto: Meritxell Rosell)
Phoac (Foto: Meritxell Rosell)
Phoac (Foto: Meritxell Rosell)
Phoac (Foto: Meritxell Rosell)

Hay que agradecer a la organización del Lets Festival que nos brindase a los brightonianos Fujiya & Miyagi en la distancia corta de la sala Pumarejo. El rescate para esta minigira de la banda de nombre improbable, fundada por David Best (voz y guitarra) y Stephen Lewis (sintetizadores y voz) hace casi un cuarto de siglo, y de su distintivo sonido, una new new wave salpicada de kraut que nos iluminó las noches de disco indie a mediados de los dos miles, se puede considerar todo un acto de amor. Como bien me decía un buen amigo (aunque algo dado a las boutades) por Instagram: «Fujiya & Miyagi andaron para que !!! pudieran correr»; razón no le falta, a pesar de que los raíles por los que transitaron hunden su recorrido en lo más profundo de la Europa continental en vez de por la costa Este y los Grandes Lagos. La noche del viernes provocó alguna lagrimita de nostalgia y unos cuantos bailoteos (a pesar de la ciática) al calor del synth-pop de aires prusianos (tanto por los ecos a Neu!, Kraftwerk y Can como por la metronomía exquisita), de rotundidad rítmica (tremebunda la exhibición de músculo groove de la sección rítmica, de firme esqueleto en las baquetas de Ed Chivers y voluptuosidad sonora del productor Ben “Faz” Farestvedt al bajo) y con punteos que flirteaban con el funk y el disco a cargo de un David Best que fue aposentándose a lo largo del concierto.

Fujiya & Miyagi (Foto: Meritxell Rosell)

Y es que los primeros compases del concierto, que arrancó con un “Kickerbocker” de aires californianos, quedaron marcados por algunos problemas de sonido que se reflejaron en gestos de incomodidad y seriedad en Best y en Lewis. “Digital Hangover” y el instrumental con aire a Neu! “Non-Essential Worker”, ambas del último largo ‘Slight Variations’ (Impossible Objects of Desire, 2022), y aun siendo campo de batalla para técnicos de sonido y músicos, establecieron el tono por el que discurriría el bolo: una oda al minimalismo dub y a la repetición, un reguero de canciones preñadas de groove que crecen en volumen y caracolean desafiando la estructura tradicional, de pulso orgánico y lírica repetitiva, que inducen imágenes a medio camino entre el simbolismo y el análisis social, algo así como lanzarse a volar a ras de suelo.

Fujiya & Miyagi (Foto: Meritxell Rosell)

Si la canción que da nombre al último largo, “Slight Variations”, se inclina más a esa orientación de funk blanco, el brillo de la electrónica fulguró en algunos de los rescates de los dos miles, como la muy arisca y rotunda “Flaws”, el dub inmisericorde de “Freudian Slips” o las muy celebradas “In One Ear & Out the Other” (del exquisito ‘Transparent Things’) y el crescendo infinito de “Impossible Objects of Desire”, que desató la euforia general y la quema de suelas de zapatillas a mayor gloria del synth-wave catatónico y motorik (con una mención especial al espectacular trabajo de Faz en las cuatro cuerdas; «hipnótico» es quedarse corto) justo antes de los bises. Pero antes de esta dupla ganadora, cortes más ambient como “Fear of Missing Out”, “Personal Space” y “Collarbone” nos permitieron paladear la esencia pop de las melodías envueltas en el manto de ensoñación sintética, trenzadas y ejecutadas con gran esmero.

Fujiya & Miyagi (Foto: Meritxell Rosell)

“Uh” dio inicio a unos bises en los que público y banda consumaron un idilio de risas, bailes despreocupados y manos al aire, de juventud rediviva y pulso eléctrico. “Serotonin Rushes” (no faltó la serotonina en esta recta final) y “Ankle Injuries”, pulsante como los latidos de un corazón desbocado, cerraron un setlist que confirmaron la versatilidad de una banda que merece nuestro mayor reconocimiento a su aportación en el desarrollo de los géneros que crecen en la intersección entre el indie y la electrónica.

Phoac (Foto: Meritxell Rosell)

Phoac, el proyecto del productor y cantante Pau Vehí, fue el encargado de abrir la velada a medida que la Pumarejo se iba llenando. Su delicada propuesta, que, en cierta manera, desvelaba la relación directa entre el soul, el R’n’B y el sonido más urban, se vio perjudicada por un sonido bajo, la reciente gripe que Pau acababa de pasar y el sempiterno ruido de conversaciones de un público que no siempre muestra respeto por quien está sobre el escenario. La ternura y delicadeza de la propuesta recordaba en ocasiones al pop onírico y ensoñador de Bon Iver (ambos tienen un timbre de voz parecido), en otros a AHONI y, en otros, al pop rock de, pongamos, Simple Minds (en “En el backseat de tu coche” se mezclan todas esas influencias, con una progresión armónica que parece sacada de “All The Things She Said”). A pesar de los inconvenientes, la actitud próxima de Pau y el respaldo de una sección rítmica versátil desgranaron un repertorio ambicioso y prolijo en lo estilístico.

Escrito por

Letraherido y juntaletras. Físico de titulación que ejerce (poco) en una editorial de género fantástico. Me caí en un caldero de britpop ya de mayorcito y desde entonces le doy a todos los palos del indie y de más allá. Flamenquito lover. Sé bailar sevillanas. En mi epitafio pondrá “Esta noche no iba a salir”. Common people like you.

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