Fat White Family (Apolo, 08/02/20)

Fat White Family (Foto: Tomás Correa Arce)

Lo personal es político. Cada pequeña acción que emprendemos es política en el fondo. Incluso si eres de los que dicen que pasa de la política, bueno, eso también es una decisión política, y de las peores que existen, ya que implica la renuncia (y ya es lo que buscan) a toda acción política (es decir, todo lo que afecta a nuestra vida) en manos de esos mal llamados políticos que pervierten lo que tendría que ser el trabajo por el bien común para beneficio propio (y perjuicio de la sociedad en general, y de las clases bajas en particular).

Fat White Family son plenamente conscientes de ello: activistas en una escena a veces demasiado apocada en lo que a política respecta, encerrada en el minúsculo cosmos del ego en vez dar solo un pasito más allá. De ahí que muchas veces se los malinterprete: su mensaje abrasivo y socarrón cae en un público y unos medios malacostumbrados a estos tiempos de fake news (término para nuestro castellano paparruchas) y a los mensajes de consumo rápido, al amor romántico y al individualismo, demasiado pacatos para recibir (y afrontar y discutir si cabe) la sorna de su nombre, la imaginería parafascista (actualización de la estética provocadora del primer punk) y las letras combativas y, por qué no decirlo, agresivas. Porque son tiempos para combatir. Incluso su aparición en el escenario ya era toda una declaración de principios: seis de los siete miembros alineados en el proscenio de la sala Apolo (el batería, por evidentes razones de logística, se situaba al fondo), en pie de igualdad: aquí no hay diferencias, todos somos clase obrera. Latas de Guinness en la mano, evidentemente.

Aunque, durante buena parte del concierto, se puso en prueba esa declaración de principios: podemos acuñar tranquilamente la frase “estás más estresado que el técnico de sonido de Fat White Family” desde el momento en que, ya en el arranque con ‘Auto Neutron’, el bajo enmudeciese y apareciesen los nervios y las malas caras. Risas incrédulas, aspavientos, alguna cara de hastío y continuos up, down y fuck por parte de todos los chicos al (desesperado) técnico de la mesa por problemas de sonido que, suponemos, afectaban a los monitores. Porque en el foso el grupo sonaba con garra, bien engrasado y con un sonido rayano en lo inmaculado, o todo lo que el lo-fi garage tiene de inmaculado.

Fat White Family (Foto: Tomás Correa Arce)

Aun así, los problemas no pudieron deslucir un concierto que, a pesar de todo, basculó entre el punk y la psicodelia (‘Auto Neutron’ y ‘I Am Mark E. Smith’, con las guitarras de Saul Adamczewski y Adam Harmer chirriando a toda potencia), el punto crooner pasado de rosca que imprime Lias Saoudi en los ritmos más lentos (un ‘Touch the Leather’ que trazó una sorprendente geodésica entre el krautrock y el sonido Motown; ¿quién dice que la rabia no puede ser sensual?), y la pulsión de martillo neumático de la base rítmica (como en ‘Tinfoil Deathstar’ o el insano bombeo en ‘Bobby’s Boyfriend’). Es cierto que durante el tramo central dio la impresión de conectar el piloto automático en marcha y ofrecer un espectáculo ya aprendido de memoria a un público desconectado. Un público al que le faltó la entrega y la locura de la pasada edición del Vida Festival, la energía cruda que se le supone a los seguidores de un grupo que ha sabido reencontrarse después del disperso Songs for our Mothers y facturar bombas de relojería como la majestuosa e infeccionsa ‘Tastes Good with the Money’. Vale, no hubo idilio, pero sí un revolcón final realmente excitante cuando resurgió la conexión, ya encarando la recta final a partir de ‘I Believe in Something Better’, ‘Feet’, ‘Whitest Boy on the Beach’ y esa rabiosa e infecciosa ‘Bomb Disneyland’ (¡oh, sí!), con, por fin, un par de pequeños pogos y algo de crowdsurfing civilizado.

Se echó de menos un punto más de locura y de despendole a ambos lados del foso, pero Fat White Family siguen siendo un grupo al que seguir muy de cerca. Quizá desde el mismo pogo. Y bailar al calor del Brexit.

 

Escrito por

Letraherido y juntaletras. Físico de titulación que ejerce (poco) en una editorial de género fantástico. Me caí en un caldero de britpop ya de mayorcito y desde entonces le doy a todos los palos del indie y de más allá. Flamenquito lover. Sé bailar sevillanas. En mi epitafio pondrá “Esta noche no iba a salir”. Common people like you.

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