Vida 2021: la vuelta (o casi) a los festivales prepandémicos

Vetusta Morla (Foto: Christian Bertrand)
Vetusta Morla (Foto: Ray Molinari)
Súper Gegant (Foto: Christian Bertrand)
Hickeys (Foto: Christian Bertrand)
The New Raemon & Paula Bonet (Foto: Ray Molinari)
Rigoberta Bandini (Foto: Christian Bertrand)
Mazoni (Foto: Rafa Rubiales)
Sam Berridge
Hinds (Foto: Christian Bertrand)
Ladilla Rusa (Foto: Christian Bertrand)
Núria Graham (Foto: Christian Bertrand)
Melenas (Foto: Ray Molinari)

Han pasado 48 horas desde que acabó el Vida 2021, y continuamos procesando las muchísimas cosas que allí pasaron y que allí vivimos. Tantas cosas por explicar que es fácil que alguna acabe cayendo en el olvido. Son sensaciones contrapuestas. Familiares, pero distintas. Con momentos para sentirse feliz y orgulloso, y otras situaciones que no tanto. Al entrar el jueves al recinto de la Masia d’en Cabanyes parecía que fuera ayer que lo abandonábamos en julio de 2019, pero a la vez han sucedido tantas cosas y tan bestias que ya nada era igual. Plantarte en La Cabana, El Bosc o los dos escenarios principales tuvo mucho de irreal, de onírico, de no saber exactamente si aquello era un sueño o si la pandemia había sido una pesadilla, porque personalmente habría apostado que este verano no íbamos a vivir ningún festival de estas características ni tamaño sin distancia social. Y a esta hora de la madrugada del lunes (ya martes), sigo sin tener del todo claro si fue una buena idea.

Love Of Lesbian (Foto: Christian Bertrand)

El corazón me dice que sí. Que ha sido mágico volver a disfrutar de la música en directo entre tantísima gente igual de ávida que tú por recuperar esas emociones y esas libertades perdidas a la fuerza por una situación que lo ha desbordado todo. Incluso parte de tu mente se inclina por esa opinión, y es que después de que la cultura hay sido tan importante durante los meses de confinamiento y los políticos y autoridades la hayan maltratado, ignorado y criminalizado (sigue sin interesar que la gente piense por sí misma, es obvio…), el sector se merecía esta oportunidad. Muchísima gente (no sólo artistas) ha sufrido lo indecible durante estos casi dos años de parón a pesar de las múltiples demostraciones de que la cultura podía funcionar de manera segura, y mientras otros sectores recuperaban las antiguas dinámicas sin palos en las ruedas con la excusa de la maldita economía. Las caras, las palabras y la tremenda emoción demostrada por muchos de los artistas durante el festival nos corroboran que sí, que fue maravilloso estar allí, y que alguien tenía que atreverse, aunque tod@s nos jugáramos el pellejo, en mayor o menor grado: organización, artistas, asistentes… en ese sentido, hay que aplaudir la valentía, la ilusión y el esfuerzo de la gente del festival de Vilanova i la Geltrú de ser los primeros, con todos los riesgos que eso conllevaba (y que acabaron quedando patentes en la jornada del jueves).

Ferran Palau (Foto: Rafa Rubiales)

Y ahí reside parte del argumento contrario, el más cerebral y frío. ¿Ha sido precipitado organizar ya festivales como el Vida, el Canet Rock que se hizo también este fin de semana, o el Cruïlla que empieza este próximo jueves? El caos con el sistema de códigos QR mediante los cuales controlar los resultados de los tests de antígenos del primer día así podría llevar a pensar. Un sistema que quedó colapsado a primera hora de la tarde y que provocó larguísimas colas de hasta 3 horas, e incluso gente que se quedó fuera en ese primer día. El festival ya ha explicado que a la gente afectada se les devolverá el dinero, pero dudo de que eso compense a todas esas personas el disgusto, el tiempo perdido, los gastos de alojamiento o los días festivos pedidos en el trabajo para acabar quedándose sin ver a algunos de los artistas que tanto anhelaban. Fueron víctimas individuales colaterales en el marco de un intento de bien colectivo, de que tod@s recuperemos la posibilidad de ir a festivales de manera segura. Confiemos que el resto de festivales hayan tomado nota de lo que se hizo mal ese primer día. Y así como hay que recriminar un error organizativo de tal calibre y la ausencia de un plan B que pudiera implementarse inmediatamente cuando el sistema colapsó, también hay que aplaudir la rápida reacción del festival en los dos días siguientes del Vida, en que con un sistema de papel y boli de toda la vida consiguió reducir drásticamente colas y tiempos de espera, y agilizar el proceso hasta hacerlo completamente razonable. Chapeau por esa reacción. Tras los tres días se realizaron un total de 27.200 tests de antígenos, entre los que se detectaron 51 positivos. A estos últimos y a sus acompañantes convivientes se les aplicó el protocolo sanitario, no pudieron acceder al recinto, y se les devolverá el dinero.

Enric Montefusco (Foto: Christian Bertrand)

Y el otro argumento de esta tesis viendo lo que vimos luego en el recinto: ¿habría sido más razonable empezar a hacer estos festivales cuando el público potencial de este tipo de eventos estuviera ya con la pauta de vacunación completa? Que ahora las administraciones se echen atrás y vuelvan a cerrar el ocio nocturno y restrinjan horarios de conciertos y festivales parece indicar que están admitiendo que la cagaron. ¿O acaso alguien esperaba que en un festival con tanta movilidad entre escenarios y con el consumo de alcohol ya permitido la norma de las mascarillas se iba a respetar meticulosamente como en las pruebas piloto previas de los conciertos de Apolo o el Palau St. Jordi? Por mucho afán que pusiera el personal de seguridad en hacer que la gente de las primeras filas se las pusiera y en recriminar la actitud de los fumadores entre la multitud (ojalá esto sea el inicio para acabar de una vez por todas con esa lacra en cualquier espacio público), es imposible controlar la suma de miles de decisiones personales y de otras tantas responsabilidades individuales, condicionadas por la falsa seguridad de que todo el mundo allí presente acaba de dar negativo en un test de antígenos para poder acceder a un recinto con esos enormes espacios al aire libre. Sinceramente, aunque intentases ser escrupuloso con esta norma, ya os digo que hubo algún momento en que resultaba francamente complicado seguirla con el ambiente cargado en los conciertos más multitudinarios y el terrible calor que hacía. Y también os digo que me he sentido tan o más inseguro en restaurantes llenos de gente sin mascarilla, en trenes a reventar de gente que va o vuelve del trabajo, o cuando veo a la gente en los estadios de la Eurocopa. Es realmente complicado vivir en tiempos de virus mundiales tan aleatorios, y con la presión constante de estar obrando bien o mal en una situación inédita e incierta para todo el mundo. Y es fácil convertirse en policías morales desde el cómodo sofá de casa.

Sea como sea, lo que nadie nos podrá quitar ya es la colección de conciertos que nos dejaron grandes momentos musicales y emocionales…

JUEVES 1

Biznaga (Foto: Christian Bertrand)

Tras la angustiosa media hora de espera que confirmó que habíamos dado negativo en el test de antígenos, logramos llegar un minuto antes del inicio de uno de los conciertos que más esperaba: Súper Gegant, con las canciones de su excelente ‘Una Casa Als Aiguamolls’ y sus nuevos singles que trazan el puente hacia lo que será su próximo disco. Sonaron de maravilla, y los momentos de shoegaze y distorsión fueron épicos, aunque les cayera un solazo terrible mientras cantaban a las sombras del ser humano. Las Hickeys también nos encantaron y nos dejaron con ganas de escuchar su debut que deberían publicar en los próximos meses. Entre el público estaban los protagonistas del que ha acabado siendo uno de mis conciertos preferidos de este Vida 2021: Biznaga, que demostraron saberse perfectamente la lección del punk del 77 británico y dieron una enorme exhibición de actitud y letras críticas con la sociedad de las pantallitas (mientras les hacían fotos o grababan videos con las susodichas). Y si encima le arrean a la policía, ya nos tienen el corazón ganado. El primer concierto que vimos en el escenario Estrella Damm fue el de The New Raemon y Paula Bonet, acompañados por banda (ahí estaba, por ejemplo, Laia de The Crab Apples), y ya con algo de retraso para ver si podía entrar la gente que seguía haciendo cola en la nave del Vida Test. Una curiosa propuesta con las canciones de Ramón mientras Paula las interpretaba con sus ilustraciones hechas en directo y proyectadas en la pantalla. El primer solape lo solventamos viendo la práctica totalidad del show de las hijas de Ramón, Mourn, y el final del concierto de las Hinds: juventud y feminidad al poder! Mientras nos seguían llegando noticias de lo que estaba pasando fuera, Vetusta Morla saltaron al escenario con las ganas de unos debutantes: no tocaban desde el 8 de marzo de 2020, y con un Pucho desbocado y parlanchín (gran detalle su discurso en catalán), salieron decididos a tomárselo como un punto y seguido desde ese lejano último show en Barcelona. Y su concierto fue un regalo para volver a vivir, tanto tiempo después, la enorme emoción que provocan estos actos de comunión colectiva en que se convirtió el concierto. Tras el karaoke multitudinario con los madrileños, Rigoberta Bandini quiso demostrar por qué se ha convertido en uno de los hypes de la temporada, con un show festivo y que desató la euforia. La fiesta siguió con los himnos de Joe Crepúsculo y la tremenda sesión de DJ de Guille Milkyway.

VIERNES 2

Maria Arnal i Marcel Bagés (Foto: Christian Bertrand)

La primera grata sorpresa del viernes fue la rapidez con la que se solventaba el proceso del test de antígenos, y eso nos permitió empezar la jornada con la fiesta rock de Mazoni y una numerosa presencia de acólitos que vibraron fuerte. Algo similar pasó con Pau Vallvé, que también provocó euforias y cánticos en la multitud. La mayor presencia de público se notó también en el emotivo concierto de Sam Berridge, que como ya hizo en nuestro programa meses atrás volvió a demostrar la belleza de su propuesta con los teclados, la guitarra y la voz. Y estrenó una nueva canción realmente bonita. Nos fuimos rápidamente hacia otro de los protagonistas del programa, Ferran Palau, que lució bandera transgénero, pidió silencio sin demasiado éxito para atacar la preciosa ‘Blau’, y nos volvió a encandilar con su canciones (y con Joan Pons ‘Petit de Cal Eril’ a la batería), también ante muchos fieles que se sabían las canciones al dedillo. El de Maria Arnal i Marcel Bagés fue uno de los shows más eléctricos de todo el festival. Y no hablo de sonoridades musicales, sino de química artistas-público. Les acompañaban como siempre las Tarta Relena y David Soler, y a pesar de los problemas con su pinganillo, Maria demostró una  excitación máxima ante ese primer show sin distancia social de la gira de ‘Clamor’. Y el título de su último disco fue precisamente lo que generó ahí abajo. Los ojos vidriosos y la enorme sonrisa de la artista de Badalona al final del show son el mejor resumen de un recital realmente emocionante. Aprovechando que el cartel a esa hora no nos estimulaba nos tomamos un respiro hasta el show de Ladilla Rusa, que nos hicieron bailar como cosacos entre grandes verdades como “sólo se puede ser o feminista o gilipollas“.

SÁBADO 3

María José Llergo (Foto: Ray Molinari)

Mientras una avanzadilla de Indie Lovers disfrutaba de la singular propuesta de Tarta Relena, otros llegamos justo para el final del show de Núria Graham (acompañada por Sam Berridge a teclados y guitarra). La última jornada del festival era día de solapes, así que empezamos la retahíla de medios conciertos para poder saborear un menú lo más variado posible: a Clara Peya la disfrutamos más en su visceral show en el Secret Vida. La Trinidad nos dejaron buen sabor de boca con esas guitarras frenéticas. Enric Montefusco estaba también emocionado porque éste era el último show de su gira ‘Diagonal’, unos días antes de estrenar espectáculo con nuevas canciones en el Grec. María José Llergo ya nos había dejado boquiabiertos en su show en L’Auditori poco antes del confinamiento, y este concierto en el Vida fue la confirmación de que nos encontramos ante una artista mayúscula con un poderío y una voz privilegiada, y un carisma natural que enamora por su frescura y espontaneidad. Nosaltres també t’estimem molt! Enganchamos el tramo final del concierto de Melenas, con esa reciente versión de Grauzone incluida, y los Mujeres viéndolas desde el público. El Petit De Cal Eril y su troupe es otra de las bandas que vivieron con más emoción su show, con versión de The Cure incluida y esa invitación a vivir el momento porque no va a volver. Y como pasó el jueves con Vetusta, Love Of Lesbian regalaron el otro gran momento de conexión comunitaria del festival. Ellos fueron protagonistas del paso previo al Vida, el histórico concierto sin distancia social pionero en el planeta que dieron en abril en el Sant Jordi ante 5.000 personas. Y esta vez con casi el doble de espectadores, los catalanes se mostraron emocionados y agradecidos por ese otro momento en letras mayúsculas de una trayectoria llena de hitos alcanzados resumidos en este espectáculo. No se vayan todavía, que aún hay más. Y es de los grandes momentos del Vida 2021: el atropello de Mujeres allí donde nos arrollaron los Fontaines D.C. dos años atrás. Hubo bailes, euforia, pogos, y rock y amistad a raudales, con Oihana de Melenas haciendo ‘Al Final Abrazos’ y Amaia de Kokoshca en la desmelenada ‘No Volveré’ que puso punto y final a la orgía musical de estos 3 días. VIDA es esto. Y también el DJ set final de Maadraassoo, que nos hizo recordar que hace un tiempo no tan lejano esto que hoy nos parece tan extraordinario era algo común y habitual. Aprendamos a vivirlo y a valorarlo como se merece. Ni que sea por si acaso…

Mujeres (Foto: Ray Molinari)

 

Escrito por

Rarito como un tema de Sonic Youth; me excito con el ‘Psycho’ de los Sonics; si me cabreo, Pistols, RATM, riot grrrls o Los Punsetes; me ponen igual soul, r’n’b, ye-yé, garaje, punk, r’n’r, indie o brit-pop. De mayor quiero ser Patti Smith, Iggy o John Waters. Ateo hasta que conocí a PJ HARVEY. Fui negro en otra vida… y hago el impostor como periodista musical y deportivo en radio, TV, webs y revistas varias.

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