Primavera Sound 2019: Martes 28 de mayo

Cate Le Bon (Foto: Paco Amate / Primavera Sound)

Segunda jornada del Primavera Sound 2019, y más concretamente del ciclo Primavera Als Clubs que se celebra en la sala Apolo durante toda la semana. Y si la jornada del lunes ya nos había dejado buenas sensaciones, la del martes también estuvo a la altura. En La 2 de Apolo, diversas bandas del Primavera Pro se presentaban ante un público ávido de nuevas propuestas: desde Polonia, ahí estuvieron Teskno, Lonker See y We Will Fail; y desde Taiwan, L8ching y Meuko! Meuko!

Cate Le Bon (Foto: Paco Amate / Primavera Sound)

Y en la sala grande, la noche empezaba con la que, para un servidor, era también plato principal de la velada. Y es que teníamos muchas ganas de ver a la galesa Cate Le Bon, tan sólo 4 días después de publicar el excelente ‘Reward’. Y precisamente este último disco fue el leit motiv de un show magnético y cautivador que empezó con las cuatro primeras canciones del álbum: ‘Miami’ y esos saxos siguen trayendo a nuestra cabeza a la PJ Harvey del ‘Hope Six Demolition Project’, y lo cierto es que Cate Le Bon juega en una liga similar por lo que respecta a sonoridades, experimentación e inquietud artística. Vestida de negro y teñida de rubia, Le Bon salió acompañada de una baterista y cuatro músicos multinstrumentistas que se iban a pasar todo el concierto intercambiando guitarras, bajos, vientos, teclados, xilofones y lo que hiciera falta. ‘Daylight Matters’ provocó los primeros “ooohhh!!” del público en las primeras filas, y ‘Home To You’ y ‘Mother’s Mother’s Magazines’ prosiguieron el proceso de seducción sonora a base de atmósferas abstractas, ritmos deconstruídos y cubismo sónico.

Con una copa de lo que parecía un gin-tonic (quizás no lo fuera, perdóname en ese caso, Cate…), la artista galesa empezó a deshelar su rictus serio inicial. Gestos, posturas, manos a la cabeza… fueron acompañando a canciones de su anterior ‘Crab Day’ (2016) como la bonita ‘Love Is Not Love’, ‘Wonderful’ (me hizo venir a la cabeza el concepto ‘Blur sincopados’) o ‘What’s Not Mine’, que acabaron con un cautivador sólo de guitarra y piano que fue uno de los momentos de clímax de un concierto redondo. Curiosamente, su penúltimo disco fue el único punto de fuga de un repertorio focalizado en ‘Reward’, con la otra única excepción del ‘I Just Wanna Be Good’ incluida en el EP de 2017 ‘Rock Pool’. Ni rastro de sus tres primeros discos. Sea como sea, el sexteto sonó compacto, sin fisuras, y con canciones con entidad y empaque como para sonar en cualquier escenario del Parc del Fòrum mañana mismo: ‘You Don’t Love Me’, ‘Magnificient Gestures’, ‘The Light’ o la final (y preciosa) ‘Meet The Man’ fueron las otras piezas que sonaron en un set de 12 canciones y muchas más emociones. Maravillosa Cate Le Bon.

Homeshake (Foto: Paco Amate / Primavera Sound)

No lo tenía fácil Peter Sagar tras la demostración de la galesa. Con síntomas de enfermedad, cara cansada, bebiendo agua todo el rato, y haciendo estiramientos constantes durante el concierto, el alma mater de Homeshake (y antiguo guitarrista de Mac DeMarco) iba a admitir en el tramo final del show que había salido “terriblemente intimidado” al escenario después de ver a Le Bon. Y como todo en esta vida, la valoración de su set de una hora y media será muy diferente en función del color con el que se mire. Entre el concierto de la galesa y el inicio del de Homeshake, y mientras sonaban Amyl And The Sniffers por los altavoces de Apolo (qué ganas de verles en el festival!), las primeras filas fueron cambiando de público… y de generación. Y es que la parte delantera de la pista se pobló de gente realmente joven, rondando los 20 años (por encima y por debajo). Seguramente algunos de ellos ni habían nacido cuando surgió el Primavera Sound en 2001, y esa fue una reflexión que me hizo temblar de vértigo. Y es que ya es un hecho: ha pasado una generación entera desde la edición inicial del festival, y es por ello que muchos de los cambios que se están produciendo los último años (y especialmente éste), son difíciles de asimilar para los que hemos vivido los meses de mayo de las últimas dos décadas entre el Poble Espanyol y el Parc del Forum. Y también por ello cuesta de entender que Cate Le Bon abiera la noche para Homeshake y no fuera al revés.

Y admito que también me costó de entender que el pop lánguido con dejes jazzy, r’n’b e incluso con aproximaciones al trip-hop o al new age hiciera vibrar de esa manera a los jóvenes que miraban admirados a Sagar y los otros tres componentes de la banda. Las canciones del último disco del canadiense, ‘Helium’, tuvieron protagonismo principal: ‘Early’, ‘Anything At All’, ‘Nothing Could Be Better, ‘Just Like My’… convivieron con temas de grabaciones anteriores, como ‘Call Me Up’, ‘Fresh Air’, ‘Give It To Me’ o la celebrada ‘Every Single Thing’ con la que acabaron el show. Personalmente, reconozco que se me hizo un concierto muy lineal, plano, monótono y con más momentos de aburrimiento que destellos luminosos. Algo que vuelve a demostrar que esto de la música es pura química dependiente de conexiones nerviosas y emocionales invisibles e intangibles. Algo que la hace mágica e insustituible. Y por eso estábamos allí, veinteañeros y cuarentones. Compartiendo espacio, cada uno con sus gustos y percepciones, pero con el mismo amor a la música. Nuestro único credo.

Escrito por

Rarito como un tema de Sonic Youth; me excito con el ‘Psycho’ de los Sonics; si me cabreo, Pistols, RATM, riot grrrls o Los Punsetes; me ponen igual soul, r’n’b, ye-yé, garaje, punk, r’n’r, indie o brit-pop. De mayor quiero ser Patti Smith, Iggy o John Waters. Ateo hasta que conocí a PJ HARVEY. Fui negro en otra vida… y hago el impostor como periodista musical y deportivo en radio, TV, webs y revistas varias.

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