25 años de ‘Parklife’

Blur - Parklife (1994)

Recuerdo perfectamente la primera vez que escuché a BLUR. Fue en el mítico programa ‘Sputnik‘, paraíso musical de TV3 que nos adoctrinó sonoramente para escaparnos de la mediocridad y vacía comercialidad que nos vendían las radiofórmulas de la época. En dicho programa, en 1994, ofrecieron un concierto de ese mismo año que la banda británica ofreció en el Alexandra Palace de Londres. Y desde el momento inicial en que Damon Albarn empieza con el órgano de la instrumental ‘Lot 105’ y hasta la última nota de la maravillosa ‘This Is A Low’, quedé entre embobado y excitado, amorrado a la pantalla, y celebrando haber grabado el concierto en VHS para poderlo rememorar posteriormente tantísimas veces. El desparpajo de ese tipo de pelo alborotado, chaqueta de chándal y tejano de pata ancha que no paraba de saltar y botar haciendo caras (y al que le copiamos el look poco después); la guitarra electrizante y la camiseta de ese tipo de gafas que luego supimos que se llamaba Graham Coxon; las seductoras lineas de bajo del refinado Alex James (qué peinado tan bien puesto!); la energía percutora de Dave Rowntree a la batería; y las canciones que sonaban en el concierto… ¿quiénes eran esos tipos que hacían enloquecer a 10.000 personas que se sabían sus canciones de pe a pa? ¿De dónde habían salido? ¿Por qué narices nadie nos había hablado de ellos antes ni había pinchado su música en la radio?

Y sí. Resulta que esos tipos salidos del Goldsmith College de Londres llevaban ya 6 años tocando. Su álbum de debut (‘Leisure‘, 1991) fue un fallido intento de engancharse a las bandas de la era Madchester, pero contenía temazos como ‘She’s So High‘ o ‘There’s No Other Way‘. La consiguiente gira norteamericana fue un desastre y casi acaba con Blur, y provocó un sentimiento de desafecto hacia la cultura norteamericana por parte de la banda, que contempló la opción de nombrar su segundo disco ‘Britain vs. America’. Ese álbum finalmente se tituló ‘Modern Life Is Rubbish‘ (1993), y fue un primer paso de transición hacia lo que acabaría llegando en ‘Parklife’. En sus letras, Albarn decidió adoptar elementos costumbristas de la cultura típicamente británica, y las composiciones de Blur caminaron cada vez más hacia bandas clásicas de la historia de la música de las islas, como The Kinks, The Who, The Jam, Madness… el proceso de cambio de la banda empezó a advertirse ya en canciones como ‘For Tomorrow‘, ‘Popscene‘, ‘Chemical World‘, ‘Advert‘ o ‘Sunday, Sunday’:

1994: Y GRAN BRETAÑA SE LEVANTÓ CONTRA EL GRUNGE

El sentimiento pro-británico y anti-norteamericano de Blur originado tras la gira de ‘Leisure’ quedó de manifiesto en una frase de Damon Albarn en 1993, mientras promocionaba ‘Modern Life Is Rubbish’: “Si el punk iba de librarse de los hippies, entonces yo estoy por librarme del grunge. Es el mismo tipo de sentimiento: la gente debería arreglarse, ser un poco más enérgicos. Caminan como los hippies otra vez, son parados, tienen pelo grasiento, no hay diferencia. Les gusten o no, vuelven a escuchar a Black Sabbath. Eso me irrita“. Y esas palabras provocadoras de charlatán veinteañero acabarían siendo proféticas. Tan sólo un año después, y aprovechando el camino que habían abierto los Suede de Brett Anderson (que por entonces odiaba a Damon por haberle ‘robado’ a su gran amor y luego cantante de Elastica, Justine Frischmann), Blur iban a editar el disco que definitivamente volvería a poner al pop británico en el centro del foco mediático del planeta musical: el 25 de abril de 1994 se publicó ‘Parklife’. Justo 3 semanas después de la muerte de Kurt Cobain…

…y si el grunge era oscuridad, depresión, transcendencia y nihilismo, ‘Parklife’ le daba una patada en los morros desde la primera canción: ‘Girls & Boys’ era europop alegre, simple, intrascendente y hedonista, y tenía uno de los videoclips más horteras de la historia de la música, pero que captaba perfectamente el espíritu de la canción, inspirada en algún viaje vacacional a Magaluf de Albarn y Frischmann (glamour y romanticismo british, sí…). Y era también el reflejo de una generación de británicos post-Thatcher que quería sentirse importante nuevamente, tras años de crisis económicas y políticas, y que quería olvidarse del desempleo y las miserias de la vida moderna (basura) a base de cerveza barata, sexo aleatorio y orgullo de una cultura tan variada y rica que no tenía nada que envidiarle a la de los Estados Unidos. ¿Nacionalismo musical? ¿Exhibicionismo cultural? ¿Márketing emocional? Llámalo como quieras…

Y como suele pasar en estos casos, la historia habría podido ser bien distinta por diversas razones y decisiones acertadas. En primer lugar, el título del disco. En esta búsqueda de elementos con los que resaltar las esencias de la cultura británica, se barajaron distintos nombres: entre ellos, ‘Sport’, ‘Soft Porn’, o ‘London’ (cuesta imaginarse este disco con cualquiera de esos otros títulos). Y, de hecho, y aunque parezca increíble, la canción que acabaría dando nombre el álbum… ¡estuvo a punto de quedarse fuera del tracklist definitivo! Según explicó a Rush Magazine, el productor del disco Stephen Street aseguraba que mientras lo grababan coincidió con la banda en lo mucho que les gustaba el actor Phil Daniels (conocido por su papel protagonista en la mítica ‘Quadrophenia‘, película de culto en la cultura mod basada en la ópera rock de The Who). Decidieron ofrecerle la letra de un poema de Damon para que el actor la recitara sobre el instrumental ‘The Debt Collector’. Pero Albarn no escribió el poema, y optaron por llamar igualmente a Daniels, porque las tomas vocales de Damon en ‘Parklife’ no habían quedado bien. El recitado del actor, la guitarra de Coxon que invitaba a botar alocadamente, el bajo tritono de James (en la Edad Media considerado impuro y demoníaco, y conocido como ‘El Intervalo Del Diablo’), y los efectos sonoros desenfadados que añadió el batería Dave Rowntree fueron claves para que ‘Parklife’ tuviera la forma definitiva que todos conocemos, se salvase de la quema, y se convirtiera en una de las canciones icónicas de la banda y de lo que iba a llamarse brit-pop. En parte también gracias a su inolvidable videoclip protagonizado también por Phil Daniels:

Otro elemento icónico y que pudo ser distinto fue la portada. Nos parecería imposible pensar en ‘Parklife’ sin esos galgos fieros girando a toda velocidad por el canódromo de Walthamstow Stadium (ahora ya cerrado). Recuerdo perfectamente en los días que salió el disco todo el carrer Pelai del centro de Barcelona empapelado con decenas de pósters de la portada (y no, maldita sea, no se me ocurrió arrancar ninguno…). Pero pudieron ser muchas otras las portadas que se tuvieron en mente con elementos de la cultura british: un Rolls-Royce, Buckingham Palace, una parada de Portobello Road con un vegetal y una pieza de fruta, un jugador de tenis con look de los 60… pero pocas semanas antes de la salida del disco, ya en marzo de 1994, Damon se llevó a la banda y a la gente del estudio de diseño Stylorouge a una sucursal de William Hill ubicada en King’s Road, en el barrio de Chelsea (Albarn es fan de ese equipo de fútbol, por cierto…). ¿Qué podía haber más británico que las casas de apuestas? Allí miraron el escaparate que había llamado la atención de Albarn, y se centraron en las imágenes de las carreras de galgos, porque transmitían una agresividad que podía ligar con la idea y el espíritu del disco. En una biblioteca de imágenes deportivas encontraron la imagen definitiva del fotógrafo Bob Thomas que iba a pasar a la posteridad.

Y al margen de título, portada, temática y las dos canciones más emblemáticas del álbum (¡menuda excitación las primeras veces que encontramos locales nocturnos donde las pinchaban! No éramos los únicos raritos que les escuchábamos…), ‘Parklife’ era y es un álbum sobresaliente de principio a fin. Personalmente siempre me ha remitido a referentes como los Kinks y a Madness, lleno de personajes de la sociedad británica reflejados a medio camino entre la parodia burlesca y el tributo cariñoso y melancólico: ‘Tracy Jacks‘, ‘End Of A Century‘ o las cercanas al punk ‘Jubilee‘ y ‘Bank Holiday‘ son himnos costumbristas para cantar hasta que se te rompa la voz; ‘Magic America‘ se ríe de la idealización de lo que hay al otro lado del Atlántico y su “mágica gente”. Las instrumentales ‘The Debt Collector‘ o ‘Lot 105‘ le dan un tono burlón y televisivo-circense, y las otras dos joyas de la corona son las dos baladas: ‘To The End‘, cantada a coro con Laetitia Sadier de Stereolab (aunque posteriormente consiguieron hacer la versión deseada originalmente con la musa de la chanson française François Hardy), y la igualmente emocionante a más no poder ‘This Is A Low‘:

El terreno había quedado abonado. Oasis acababa de publicar el single ‘Supersonic’ y en agosto editaría su también sobresaliente debut ‘Definitely Maybe’, que acabaría de impulsar la nueva escena del pop británico. Suede estaba a medio camino de su debut homónimo y del también excelente ‘Dog Man Star’. Pulp acababa de editar ‘His’n’Hers’ y ya sólo quedaba un año para el apoteósico concierto en Glastonbury de Jarvis y compañía y la explosión de ‘Different Class’. Y en los siguientes meses también iban a aparecer con fuerza Elastica, Supergrass, Echobelly, The Bluetones, Ocean Colour Scene, Ash, Sleeper, The Boo Radleys… bandas predecesoras como The Stone Roses o The Charlatans también aprovecharían la oleada para seguir sacando discos, y otras como Radiohead irían a su aire, al margen de la moda. La prensa británica se inventaría la rivalidad Blur vs. Oasis para alimentar el fenómeno, rememorando los tiempos de Beatles y Stones. Y, en definitiva, 1994 y ‘Parklife’ iban a certificar las proféticas palabras de Damon Albarn: el grunge había muerto; larga vida al brit-pop.

Escrito por

Rarito como un tema de Sonic Youth; me excito con el ‘Psycho’ de los Sonics; si me cabreo, Pistols, RATM, riot grrrls o Los Punsetes; me ponen igual soul, r’n’b, ye-yé, garaje, punk, r’n’r, indie o brit-pop. De mayor quiero ser Patti Smith, Iggy o John Waters. Ateo hasta que conocí a PJ HARVEY. Fui negro en otra vida… y hago el impostor como periodista musical y deportivo en radio, TV, webs y revistas varias.

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