Laetitia Sadier (Sala Vol, 23/05/24)

Laetitia Sadier (Foto: Meritxell Rosell)
Laetitia Sadier (Foto: Meritxell Rosell)
Laetitia Sadier (Foto: Meritxell Rosell)
Laetitia Sadier (Foto: Meritxell Rosell)
Laetitia Sadier (Foto: Meritxell Rosell)
Laetitia Sadier (Foto: Meritxell Rosell)
Laetitia Sadier (Foto: Meritxell Rosell)
Laetitia Sadier (Foto: Meritxell Rosell)
Laetitia Sadier (Foto: Meritxell Rosell)

El martes 7 de noviembre de 2022 los ingleses Stereolab demostraron en la Sala Apolo que son una de las propuestas musicales más estimulantes del pop independiente. Tras ese concierto embriagador había muchas ganas de volver a ver en directo a su vocalista y compositora Laetitia Sadier. Sin el nervio eléctrico de Tim Gane ni la intensidad metronómica del resto de la banda, la cantante de origen francés vino de nuevo a Barcelona acompañada de otros tres músicos espléndidos: una banda denominada The Source Ensemble formada por Nina Savary (teclista y vocalista), Emmanuel Mario (baterista) y Xavi Muñoz (bajista castellonense curtido en diversas giras de Stereolab). Comandado por la presencia escénica de Sadier, el cuarteto presentó el disco ‘Rooting for Love’ (2024) y concretó un concierto pausado de sonido preciosista con letras comprometidas.

Laetitia Sadier (Foto: Meritxell Rosell)

Editado por Duophonic y Drag City, el quinto disco en solitario de Sadier demuestra el nivel que ha alcanzado un proyecto paralelo que empezó bajo el nombre de Monade. Si sus anteriores grabaciones quizás mantenían un tono excesivamente calmado –valga como ejemplo el disco titulado Silencio (2012)–, esta nueva publicación destaca por una mayor consistencia y mejor dinamismo. Marcadas por unas letras críticas con el sistema capitalista, el cambio climático y demás problemáticas contemporáneas, las nuevas canciones atestiguan un posicionamiento ideológico afianzado por la riqueza musical. Son temas que se desenvuelven como un pop eléctrico con influencias sonoras de la chanson française, la cosmiche music y el indie-rock.

Laetitia Sadier (Foto: Meritxell Rosell)

En la Sala Vol los giros rítmicos, las variaciones melódicas y las armonías vocales a cuatro bandas fueron una constante en un conjunto de canciones que avanzaron con determinación y sentido del humor. “¿No habéis hecho los deberes?”, preguntó Sadier en cierto momento al presentar una canción que la mayoría del público no identificó. En esta y otras ocasiones los asistentes, entregados, se pusieron a reír. Canciones como ‘Une Autre Attente’ y ‘Panser L’Inacceptable’ recordaron los mejores Stereolab, los de ‘Emperor Tomato Ketchup’ (1996) y ‘Dots and Loops’ (1997). ‘Who + What’ fue presentada como una gran incógnita elegíaca alrededor de la humanidad y un planeta Tierra irreversiblemente lastimado. Los aplausos finales sorprendieron a una Sadier muy comunicativa que agradeció la respuesta ante la que considera que es la canción más rara del disco (“the weirdest song of the record”).

Laetitia Sadier (Foto: Meritxell Rosell)

‘Don’t Forget You’re Mine’ permitió recordar la lacra de la violencia de género con un tono algo lánguido. ‘The Dash’ entrelazó intercambios verbales con un bajo situado en primer plano. ‘Reflectors’ –extraída del disco anterior ‘Find Me Finding You’ (Drag City, 2017)– demostró la eficacia al plantear lienzos sonoros de cadencia serena sobre los que añadir voces etéreas. Si las secuencias finales de ‘La Nageuse Nue’ recordaron composiciones minimalistas de Steve Reich por sus cruces verbales, el vaivén de ‘Protéïformunité’, entre un tono monocorde y un giro acelerado posterior, evidenció el porqué de un título que, según la RAE, hace referencia a los cambios constantes de ideas y formas. La defensa del carácter intelectual de la música pop quedó expuesta en las presentaciones de muchos temas. El tono escapista de ‘Cloud 6’ no fue una excepción. Con su larga introducción instrumental pareció adscribirse a la ciencia ficción. La simulación de cierto viaje astral quedó concretada con una comunicación intergaláctica con seres extraterrestres. Los gestos misteriosos de Sadier, con su mímica androide, dejaron la audiencia anonadada, el sorprendente desenlace del final también. Los cuatro músicos acabaron el tema de espaldas al público, como poseídos por fuerzas del más allá. Aunque quizás no hacían más que divisar las siguientes fechas de una gira europea que ya ha pasado por Francia y promete avanzar por España y Portugal.

Laetitia Sadier (Foto: Meritxell Rosell)

La gratitud de Laetitia Sadier fue ejemplificante. Su compromiso ético también. Ya en los bises sonó ‘New Moon’, el single de adelanto. Fue el mejor final para una noche de luna llena que había empezado de modo algo extraño. El telonero Allen Epley, norteamericano de Kansas afincado en Chicago –líder del grupo Shiner– abrió el concierto con un seguido de canciones herederas del grunge. Un tono excesivamente dramático y unas letras deslavazadas amargaron el inicio de la velada. Creo que no convenció a casi nadie.

Allen Epley (Foto: Meritxell Rosell)
Escrito por

Cinema, música i arts visuals són les tres disciplines que em criden més l'atenció. Quan s'entrecreuen lliurement, em semblen més enigmàtiques i inquietants. D'adolescent vaig ser fan de Pink Floyd, R.E.M. i Sonic Youth. Al meu reproductor sonen molt sovint CAN, Talking Heads, Tom Waits i Stereolab. També el jazz dels '60, el rock alemany dels '70, el pop independent dels '80 i l'electrònica dels '90. He col·laborat en diversos mitjans escrits sobre música i cinema, especialment avantguarda i experimental.

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