Palau de Pedralbes. Sede de reyes, borbones y dictadores fascistas, valga la redundancia en todos los casos. Símbolo de la ocupación española en Catalunya, y desde hace ya muchos veranos sede de festivales como el Jardins de Pedralbes (ahora transformado en Les Nits de Barcelona), donde se mezcla el pijerío de la zona alta de Barcelona con melómanos de clases populares que nos sentimos como pez fuera del agua. En territorio enemigo. Motivo suficiente para vestir con las mejores galas, con camiseta de Remei De Ca La Fresca con el lema ‘Tot El Que Volem És Okupar-te El Xalet’. Esta noche sería un buen momento para hacerlo, mientras las clases altas alternan y socializan, seguramente ignorando la grandeza de la figura que nos visita: la cantante de Portishead, Beth Gibbons, presentando su sobrecogedor disco en solitario ‘Lives Outgrown’ en mejores condiciones que en aquel Primavera Sound 2024 lleno de cotorras irrespestuosas. ¿La voz más sentida y conmovedora desde Billie Holiday? ¿Quién ha dicho eso…?

“If I could change the way I feel. If I could make my body heal“. Las primeras frases del concierto son toda una declaración de intenciones. Hemos venido a guarirnos, que la existencia hace subida y está llena de vivencias que son zarzas que nos llenan de heridas superficiales o profundas por igual. La carga de la vida no nos deja en paz y los tiempos nunca son los adecuados. Suena la batería de Sophie Hastings (sustituyendo a James Ford, director musical de todo este entramado sonoro), y también las percusiones de Howard Jacobs, multiinstrumentista multitalentoso que toca de todo: clarinete, vibráfono, timbales, saxofón barítono, flauta, bombo, percusión, metales y gongs, flauta dulce o guitarra martillada. Perforando como cuchillos, las violas y violines de Richard Jones y Emma Smith (también en Pulp) parecen derramar lágrimas de sangre para dejarnos tendidos por primera de muchas veces esta noche. La guitarra de Eoin Rooney se retuerce y portisheadea y el bajo de Tom Herbert y los teclados de Jason Hazeley sostienen un momento flotante, entre brumas sonoras y humildes contraluces que mantienen el enigma de una noche que no ha hecho más que empezar para todos estos pasajeros de viajes no ordinarios reunidos en el centro de un universo paralelo y ajeno a la realidad de ahí afuera.

Las luces se tornan rojas para entrar en un infierno sónico y climático. Hemos ido demasiado lejos como para poder rebobinar y paliar todo el daño que le hemos hecho a nuestro bello planeta, que se nos desmorona, amenazante. Como la violencia de un septeto que suena increíblemente nítido y poderoso, y anuncia rayos y truenos, rodeando y casi sepultando la voz desesperada de Beth. Ritmos pjharvianos con aires moriscos y luces cálidas de un cromatismo que roza el Stendahl nos llevan a un momento de calma folk. Un rincón donde se venden sueños a distancia y fingimos querer lo que no queremos dar. Y si deseas belleza o amor puro, sólo hacen falta unos punteos de guitarra acústica y la voz de Gibbons, que se torna celestial entre el silencio absorto de un público que ya ha caído en un hechizo del que no podrá salir. Un lugar de amor y misterio donde la guerra y los fantasmas ya no existen. Y es que, aunque todo cambie, no tiene que ser para mal, y este momento sublime así parece demostrarlo.

El escenario se viste de azul para sumergirnos en océanos donde se desvisten respuestas y la sección rítmica ondula en un vaivén que parecen olas que vienen y van. El modelo Tom aumenta la tensión ambiental y vuelve a hacer brillar a la sección de cuerdas, y más allá del sol suenan, progresivos, ritmos mediterráneos in crescendo que ponen a la audiencia a mil. Momento de frenar, mirar por la ventana al sol de verano naciente y brillante, entre el ruido de pájaros que invitan a cerrar los ojos y dejarse llevar. Y sí, la luna se detiene a través de la melodía de esta dulce cuna que es el canto susurrante de Beth, quien nos balancea el espíritu antes de que las luces se enciendan y la banda se marche…

…puro teatro, ya lo sabemos de antemano. Y ojito, porqué vienen curvas para almas desahuciadas. Las de esas carreteras que tantas veces hemos cantado con el ceño fruncido y el corazón en un puño. El vello se eriza, y no es de frío precisamente, entre violines serpenteantes que nos llevan a cimas emocionales inimaginables… para luego dejarnos caer. De golpe. Al vacío. Sin red. Aturdidos, sangrando y balbuceando, empezamos a intuir hipnóticos loops de bajo y cuerdas que se van haciendo más y más presentes, llegados desde un pasado que, aunque lejano, también es muy familiar. Sólo quiere ser mujer y que le des una razón para amarte, proclamando el inicio de una eternidad trip-hop con un solo de guitarra que nos deja en la puerta del nirvana. Ya sólo le falta vestirse de la Harvey otra vez, en un último ataque de épica desordenada imposible de domar. “So please don’t misunderstand. To silence all my shame. I need you always. I need you always. Always. Always. Always. Always”. Con su mano tendida y abierta, únicamente queda cerrar con llave el cajón de los recuerdos para que esta mágica noche de cristal frágil como la propia vida dure para siempre.

Setlist:
- Tell Me Who You Are Today
- Burden Of Life
- Floating On A Moment
- Rewind
- For Sale
- Mysteries (del disco junto a Rustin Man)
- Lost Changes
- Oceans
- Tom The Model (del disco junto a Rustin Man)
- Whispering Sun
- Beyond Love
Bises:
- Roads (cover de Portishead)
- Glory Box (cover de Portishead)
- Reaching Out