Hay grupos que de la noche a la mañana parece que a todo el mundo le gustan. Este es el caso de Alcalá Norte, que de repente a la peña se le va la olla con ellos. Inesperadamente están en boca de todo el mundo, nadie dice nada malo de ellos, empiezan a hacer sold outs en todos sus bolos, hay contrataciones de última hora en festivales primaverales y hasta la Rosalía les tuitea. Claro, todo esto crea mucho hype, pero también invita a acercarse al fenómeno con un poco de escepticismo. Sin embargo, una vez que escuchas al grupo surgido de Ciudad Lineal, piensas que sí, que esta vez el pueblo tiene toda la razón.

Y es que parece cada vez más difícil que un grupo surgido del más absoluto underground pegue como han pegado ellos, y más si es gente que no es afín a las corrientes más mainstream de la escena, sino que están más bien suscritos a esa nueva ola de música oscura que se hace en nuestro país, que tiene como representantes a La Plata, Somos la Herencia o Depresión Sonora. Por lo tanto, y por lo extraño que tiene, su fulgurante ascenso bien merece un aplauso.

Su caso me recuerda a mí, salvando las distancias, al de La Paloma (a los que, curiosamente, versionan) hace un año y medio. Me recuerda mucho al pequeño fenómeno que se creó con ellos, y eso que tampoco tienen tanto que ver. Donde aquellos eran Dinosaur Jr., estos son The Cure. Donde a unos les descubrías referencias a Los Planetas o a Cala Vento, a los otros se las encuentras a aquello que se llamó afterpunk en España (hablo de Parálisis Permanente, Décima Víctima o Derribos Arias), pero también a sus vecinos Burning.

Por si te acabas de despertar y aún no los has escuchado, son como unos Carolina Durante que han estudiado el grado en Filosofía. Son como si El Último Vecino viviese en el extrarradio madrileño y estuviese muy enfadado. Son como si miembros de Siouxsie And The Banshees y Slowdive hubiesen decidido hacer un supergrupo con la Chill Mafia y La Trinidad. ¿Más o menos ves por dónde van los tiros, no?
Así su primer concierto en Barcelona en el marco del Chavalada Sound se esperaba con ganas (de ahí el aforo completo desde hacía tiempo) gracias a las expectativas creadas, a los buenos temas de su álbum debut, a los buenos comentarios escuchados por todos los sitios, y sí, también gracias a la gran labor en X (antes conocido como Twitter) que hace el bajista. Muestra de ello fue encontrarse a los miembros de Mujeres o al DJ Amable.

¿Y el concierto? Pues qué decir. Fue todo lo que uno podía esperar. Fue realmente bueno y la gente lo vivió al máximo coreando absolutamente todas las canciones y haciendo pogos desde el primer segundo. Tocaron todos los temas que tienen que tocar, desde “Los Chavales”, pasando por “La Calle Elfo”, “No llores, Dr G” o “Barbacoa en el Cementerio” (canción del anterior grupo del bajista, Guarrerías Preciados, que a mí me recordó mucho a Golpes Bajos), hasta, obviamente, “La Vida Cañón”, que tocaron dos veces.

En cuanto a ellos, la verdad es que son realmente majos. Todos. Aunque debo hacer una mención especial a Laura, la teclista, que cumplía años ese día, y a Rivas, el cantante, que aun a pesar de encontrarse visiblemente constipado, defendió con nota el concierto, logrando conectar con el público y llegando incluso a mezclarse entre él para cantar algunos temas.
De verdad, hacía tiempo que no disfrutaba tanto de un concierto, así que uno más que se suma a los defensores de la banda. Magníficos.

No me olvido de que abrió la noche Corte!, proyecto del madrileño Gonzalo Barbero, que forma parte del sello Sonido Muchacho, con clara influencia de Talking Heads, pero también de Dry Cleaning; y también desde Madrid cerraron Bloodstein, proyecto personal de Carlos de la Viña, más cercano al bedroom pop con toques de post-punk (Carlos, por cierto, también apoyó en los teclados el set de Corte!). Ambos directos hacen prever cosas buenas para el futuro.
