De Joan Wasser, aka Joan as Police Woman («not a cop», como aclara en redes), se pueden decir muchas cosas y todas muy buenas, pero si sus visitas son de obligada asistencia es porque sus directos son sanadores. Ternura, melancolía y también sabiduría, canciones reposadas para escuchar en ambientes recogidos de la noche de la ciudad. Os digo que el concierto del pasado miércoles consiguió que el día de mierda de un par de personas (Montse y vuestro humilde redactor) acabase con calorcito en el corazón, gratamente reconfortados por ese contralto aterciopeladi, y con alguna que otra lagrimita de emoción fluyendo libre.

También fue un día duro para Wasser que despidió el concierto con un sentido «pray for my country» horas antes de que el felón naranja y el fascismo ganase las elecciones de Estados Unidos (y, por extensión, más allá de sus fronteras). Habrá que resistir, sin lugar a dudas, pero también hay que dejar espacio para cuidarnos; y, en ese sentido, Joan y el público asistente (poco, pero fiel y respetuoso) establecimos un pacto de dos horas de cariño y cuidados mutuos en la intimidad de La(2).


Al igual que Tindersticks el día siguiente, aun cumpliéndose veinte años de carrera musical, es de agradecer que Joan mire al presente y al pasado. Y es que las canciones del reciente ‘Lemons, Limes and Orchids’ (PIAS, 2024) suenan en directo a clásicos instantáneos. Inauguró el set con “The Dream”, tema de apertura del disco, con la sofisticación del sonido Hammond de teclado, sedoso y voluptuoso, para marcar con “Full-Time Heist” el tono intimista, con Wasser al piano, y excelentemente acompañada por Jeremy Gustin a la batería, elegante, preciso y sutil, y Will Graefe punteando con guitarra de alma jazz y acompañando a Joan a los coros. Resultaba hipnótico verlos en acción, auténtica orfebrería musical a disposición de unas canciones tan ricas en detalles, en arreglos y en delicadeza. “Remember the Voice”, “Started Off Free” fueron tremendas baladas preñadas de ternura que concitaron el silencio del respetable y que miraron cara a cara a clásicos que fueron cayendo en la recta final como “Eternal Flame” o “Real Flame”, interpretada por Joan sola al piano, para acabar con una versión prácticamente a capella de “Tribute to Holding On”, sin nostalgia al pasado: el legado no deja de ser parte de una misma al que abrazarse y seguir cantando, seguir creando y seguir desnudando el alma.

Pero no creáis que la fragilidad está peleada con la fortaleza ni con la alegría: Wasser agradeció con entusiasmo el cariño del público, al que dirigió los focos y animó a participar en “Valid Jagger”. Un poco antes, la canción que da título al disco, bajo la iluminación roja, sonó como la transición de un atardecer melancólico a un nuevo amanecer. Poco más adelante, insufló un pelín de funk y swing a la guitarra con “Oh Joan” antes de encarar una versión rendida de “Eternal Flame”. El momento eléctrico y rockero vendría después con “The Magic”, con Joan y Will desmelenados y riendo a las guitarras, y Jeremy llenando el ritmo con pasmosa exuberancia.

Fue un bolo exquisito, un gourmet con el que gozar con calma, bajarse por un par de horas del mundanal ruido y dejarse llevar por la comunión del soul, del alma y de unas canciones que hablan de heridas, sí, pero también de restañarlas y de seguir viviendo, de seguir creando y de seguir compartiendo noches que quedan en el recuerdo.

Setlist:
- The Dream
- Full-Time Heist
- Warning Bell
- Remember the Voice
- Long For Ruin
- Started Off Free
- Hard White Wall
- Tell Me
- Lemons, Limes and Orchids
- Back Again
- Flushed Chest
- Valid Jagger
- The Ride
- Oh Joan
- Eternal Flame
- The Magic
Bis:
- Real Life
- Tribute to Holding On