En estos tiempos convulsos y confusos se agradece el confort del refugio, tanto en el plano físico como en el espiritual, que colectivos como Irreversible Entanglements despliegan, generosos, cual oasis de frescas fuentes en medio del desierto que nos ha tocado atravesar. El combo formado por la poeta y letrista Camae Ayewa (aka Moor Mother) el contrabajista Luke Stewart, el saxofonista Keir Neuringer, el trompeta Aquiles Navarro y el batería Tcheser Holmes nos regaló una hora y cuarto ininterrumpida de emoción, visceralidad, rituales telúricos, experimentación gozosa, espiritualidad y reivindicación política en la cercanía de la sala El Molino. Un bolo valiente, tan intenso y tan hipnótico que, al finalizar, el público se demoró con exquisita reverencia, reticente a dejar atrás la atmósfera creada por la banda y que aún flotaba en la sala antes de darle la espalda, salir del Molino y perderse de nuevo en la fría noche de la ciudad.

Esta era la segunda ocasión, tras su paso por La(2) de Apolo dentro de la programación del Primavera a la Ciutat 2024, para disfrutar de la presentación en Barcelona del poderoso ‘Protect the Light’ (Impulse!, 2023), relevo de aquel álbum debut seminal, ‘Open the Gates’ (International Anthem Record Co., 2021): aquella inabarcable carta de presentación de un colectivo ambicioso y audaz que se lanzaba a expandir los límites del avant, el fussion y el free jazz, sin perder de vista las raíces africanas por un lado y, por el otro, desplegando un potente discurso político desgranado por los versos y la hipnótica voz de contralto de Moor Mother.

La noche arrancó con un ritual de gong, metal, conchas y cascabeles que apelaba a la conciencia musical tribal, colectiva y universal que nos une, tal como si los músicos estuviesen pulsando comprobando la tensión de esas conexiones invisibles con la intención de usar sus vibraciones para mandar un mensaje cósmico a Sun Ra; un guiño también a la versión de ‘Nuclear War’ que la banda grabó hace un par de años para Red Hot Org. Una vez establecida la conexión espacial, y gracias al trabajo de la sección rítmica, la nave descendió para permitir que el saxo tenor de Neuringer ensalzase un lamento que conectaba con la parte más terrenal, dando pie a la letanía de Ayewa (‘Our Land Back’) sobre la esclavitud, el expolio de África y la diáspora de millones de personas. Una herida aún presente, dolorosa por mucho que la historia la evite, y que, inevitablemente, enlaza con la colonización y el turbocapitalismo actuales. Letanía que deviene, como no podía ser de otra manera, la llamada a la acción, febril, urgente, de ‘Who Sent You – Ritual’. La resistencia y la esperanza, el peso de la identidad aplastada por las circunstancias y la lucha contra las fuerzas del mercado marcaron el hilo argumental de un recital en que los músicos ejercían una libertad ilimitada a la vez que, paradójicamente, visitaban todos los estilos del jazz (a veces de forma más diáfana, a veces, más hermética) con gozosa maestría: el bebop, por ejemplo, sirvió de nexo de unión entre el acid de ‘Free Love’, de magníficos metales, y el free form de ‘Harmonic’. ‘Protect Your Light’, con su punto de swing, vibró con el trabajo de Stewart y Holmes, que pusieron cabezas y huesos en (discreto) movimiento. En algún punto, incluso el gospel se intuye en el lamento de la trompeta de Navarro, una canción de noche y soledad, que Stewart recoge con la línea de bajo hasta llevarlo a uno de los momentos álgidos del concierto, aquel en el que Moor Mother nos pregunta, con rabia y una presencia escénica imparable, si este es el nuevo mundo, el mundo que toma como punto de partida el viaje de Colón (‘Open the Gates’), si este es el inicio del fin y si, alguna vez, llegaremos a ser libres (‘root <=> branch’).

Libertad: esa palabra que muchos manosean y que, en Irreversible Entanglements, es parte consustancial del ADN. Música, política, verdad, libertad: mimbres de una propuesta que incendia sinapsis y reconforta corazones. Ayewa agradeció al público poder tocar con libertad, poder conectar en este lenguaje universal, y el público, a su vez, agradeció esa energía que, durante una hora y cuarto, nos elevó en comunión con las fuerzas telúricas del jazz sideral.
