Gazella (Upload, 20/02/26)

Gazella (Foto: Meritxell Rosell)
Gazella (Foto: Meritxell Rosell)
Gazella (Foto: Meritxell Rosell)
Gazella (Foto: Meritxell Rosell)
Gazella (Foto: Meritxell Rosell)
Gazella (Foto: Meritxell Rosell)
La Sagrera (Foto: Meritxell Rosell)
La Sagrera (Foto: Meritxell Rosell)
La Sagrera (Foto: Meritxell Rosell)
La Sagrera (Foto: Meritxell Rosell)
La Sagrera (Foto: Meritxell Rosell)
La Sagrera (Foto: Meritxell Rosell)

Gazella es una banda que no se deja reducir a una etiqueta. En su sonido se perciben shoegaze, psicodelia, dream pop y kraut, ecos de Slowdive, Mazzy Star, My Bloody Valentine, así como de Can y Neu!. Hay algo de Sonic Youth, cierta suspensión cercana a Boards of Canada, Radiohead, DIIV. Pero todo eso apenas sugiere lo que ocurre cuando empiezan a tocar. En directo, se despliega con una cadencia que lo envuelve todo, y cuando quieres situarlo ya ha ocupado la sala. El tiempo parece comprimirse y el momento se vuelve casi místico, exigiendo silencio, atención y entrega. Implicación total.

Gazella (Foto: Meritxell Rosell)

En la sala Upload, sin margen para la distracción, la respuesta del público es acorde: escucha atenta, casi reverencial. Muy distinta a la actuación de hace unos meses en la BAM de La Mercè, en plaça Catalunya, donde el sonido se proyectaba hacia una multitud dispersa. Aquí la cercanía amplifica cada subida de volumen, cada cambio de dinámica. El concierto cuelga el sold out.

La Sagrera (Foto: Meritxell Rosell)

La noche empieza con La Sagrera abriendo el escenario. Después, cuando Gazella sale, la temperatura de la sala cambia. La banda, formada por Raquel Palomino (voz), Lluisen Capafons (batería y voz), Mauro Llopis (bajo), Adrián Camáñez (guitarra y sintes) y Alba Raja (guitarra y sintes), mantiene una actitud seria y concentrada, casi austera, durante todo el concierto. Apenas hay intervenciones entre canción y canción, más allá de algún comentario puntual de Lluisen Capafons desde la batería.

Gazella (Foto: Meritxell Rosell)

Presentan ‘Vías’, su segundo disco editado por Foehn Records, pero el repertorio no se limita a ese trabajo. Las canciones del debut homónimo aparecen integradas con naturalidad y en directo las diferencias entre una etapa y otra se difuminan. Todo forma parte de un mismo recorrido que mantiene al público inmerso de principio a fin.

Gazella (Foto: Meritxell Rosell)

Las letras de Gazella hablan de tránsito, de desplazamiento, de espera, de anhelo y de ausencias que no siempre se resuelven. También de inquietudes personales que no buscan una conclusión clara. Surgen imágenes y estados que acompañan al sonido más que explicarlo. En temas como ‘Volver’ o ‘Sol Menor’ se percibe esa idea de movimiento y espera; en otros, como ‘Espiral’ o ‘Solsticio’, la atmósfera introspectiva desplaza cualquier referencia exterior y concentra toda la atención en la música.

Las guitarras se acumulan hasta formar un bloque compacto que avanza con determinación. No hay protagonismos aislados: la pared de sonido funciona porque los cinco la sostienen. Y en medio, Raquel Palomino. Su voz tiene algo de flamenco en el fraseo, en ciertas inflexiones entre susurro y clímax. A veces es etérea y muy emocional, a veces filosa, a veces casi rota. No se coloca por encima de la instrumentación: se funde con ella y en muchos momentos actúa como un elemento más de la textura general.

Gazella (Foto: Meritxell Rosell)

El cierre con ‘Un Lugar’ es explosivo. En plena subida de distorsión, la palanca de vibrato de la guitarra de Adrián Camáñez se rompe y hay que cambiarla sobre la marcha. La pausa es breve y casi técnica, pero añade una tensión inesperada que desemboca en un final catártico. La despedida de Raquel, anunciada en redes hace unos meses, marca este concierto como el último de la formación completa.

Al terminar, queda la conciencia de haber sido parte de algo irrepetible, con la intensidad del cierre y la distorsión todavía resonando en la memoria.

Gazella (Foto: Meritxell Rosell)

Setlist :

  • Volver
  • Cielo Gris
  • Por Qué El Ser
  • Azul
  • Velcro
  • Sol Menor
  • Urkia
  • Komorebi
  • Kim y Jimmy
  • Solsticio
  • Inercia
  • Aracea
  • Ozymandias
  • Espiral
  • Un Lugar
Escrito por

En mi universo sonoro conviven punk, grunge, noise y garage; la urgencia del post-punk y del post-hardcore; los paisajes hipnóticos del shoegaze y los ritmos nerviosos de la new wave. El instinto me lleva hacia lo independiente y lo honesto: aquello que se vive más que se consume. Nirvana fue la puerta de entrada al underground. David Bowie me enseñó a percibir la música como arte. Entre mis obsesiones hay Crass, Wire, PiL, Gang of Four, Magazine; Wipers, Pylon; Fugazi y todo lo que sale en Dischord; Slint; Bratmobile y Sleater-Kinney; The White Stripes; PJ Harvey. Paso días enteros en Rough Trade, colecciono setlists y soy apasionada de documentales y biografías.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *