Echo & The Bunnymen (Razzmatazz, 29/09/23)

Echo & The Bunnymen (Foto: Jordi Trenzano)

Presenciar en directo a los Echo & The Bunnymen es sinónimo de nostalgia ochentera. Sus canciones más recordadas siempre quedarán asociadas a una escena musical británica marcada por el post-punk siniestro, el rock oscuro y la neo-psicodelia melancólica. Estilos perfilados en su día por Joy Division, The Cure o The Teardrop Explodes, entre muchos otros. Con la excusa de la reedición de uno de sus recopilatorios más acertados –”Songs to Learn & Sing”– y la celebración de cuarenta años de carrera musical –”Celebrating 40 Years of Magical Songs”, anuncia el slogan de la gira– los de Liverpool se presentaron en la sala Razzmatazz para ofrecer un concierto breve e intenso.

Echo & The Bunnymen (Foto: Jordi Trenzano)

A las 9 en punto, con todos los elementos del escenario preparados y la máquina de humo artificial a pleno rendimiento, los instrumentos de cuerda del “Street Hassle” de Lou Reed (cuyos once minutos sonaron enteros) ponía la banda sonora a la espera y la inquietud. Los silbidos del público lo demostraban. Con un cuarto de hora de retraso los Echo & The Bunnymen subían al escenario para desplegar un repertorio totalmente revisionista. Ian McCulloch (front man tan arrogante como magnético) y Will Sergeant (guitarrista de la banda desde sus inicios) venían acompañados de una formación joven de guitarra rítmica, teclados, bajo y batería. Los seis músicos empezaron energéticos al encadenar “Rescue” con “All that Jazz”. Tras un inicio arrollador los británicos bajaron el tempo y los decibelios, introduciéndose por pasajes bucólicos que emocionaron con la versatilidad vocal (“Bring On the Dancing Horses”) o la variedad melódica (“Seven Seas”).

Echo & The Bunnymen (Foto: Jordi Trenzano)

El tono relamido de la balada noventera “Nothing Lasts Forever” concluyó de forma imprevista con fragmentos líricos extraídos del “Walk on the Wild Side” de Lou Reed. McCulloch la versionó para desplazarla hacia su terreno, entre los “dú, durú, durú, du, du durú” coreados por el público. Fue la segunda aparición sonora del neoyorquino. La cadencia funky propiciada por la sección rítmica y los aires jazzísticos del teclado auspiciaron una seductora “Bedbugs and Ballyhoo”. El momento más bailado de la noche.

Echo & The Bunnymen (Foto: Jordi Trenzano)

“The Killing Moon” no se hizo esperar. El tema más conocido del repertorio de los conejitos sonó algo endeble. Por momentos McCulloch dejaba de cantar para que lo hiciera la audiencia, pero esta no respondía del todo. Cierto desconcierto no impidió que los punteados de la guitarra eléctrica y los versos sobre el destino (“Fate, up against your will, through the thick and thin, he will wait until, you give yourself to him“) entusiasmaron de principio a fin. El mar de móviles así lo confirmaba. Decenas de fragmentos de vídeo en megapíxeles convertidos en stories de Instagram que en el fondo evocan otras imágenes: las de la película de culto Donnie Darko (Richard Kelly, 2001). Recordemos que, aparte de “The Killing Moon”, su banda sonora contiene otros clásicos de la época de formaciones como Tears for Fears.

Echo & The Bunnymen (Foto: Jordi Trenzano)

Antes de la pausa obligatoria los Echo interpretaron “The Cutter”. El tema que abre su disco “Porcupine” (1983) sonó directo y preciso. De hecho la banda obtuvo un sonido impecable a lo largo de todo el concierto. Ian, por el contrario, se mostró algo taciturno, tras sus gafas oscuras. Ya en los bises, que en realidad fueron dos canciones separadas por una extensa pausa, sonaron “Lips Like Sugar” y “Ocean Rain”. La balada que cierra el disco homónimo de 1984 –el más reconocido de su larga trayectoria–, puso punto y final a un concierto de hora y cuarto. Se echaron en falta “Back of Love”, “A Promise”, “Silver” o “The Game”. De todos modos al salir de la sala seguro que más de uno pensó en el refrán popular: “Lo bueno, si breve, dos veces bueno”.

Reyko (Foto: Jordi Trenzano)

Previamente los teloneros Reyko subieron al escenario del Razzmatazz para perfilar un pop electrónico de tintes urbanos. La presencia escénica de la cantante Soleil, la guitarra eléctrica del productor Igor y las bases sintéticas conjugaron un directo resultón. Cantando tenuemente en inglés y bailando de modo expresivo, la vocalista española animó al público con una música que, por momentos, parecía un cruce entre Garbage y Najwajean. ¿Referencias muy de la década de los noventa? Puede ser, pero resulta que entre la diversidad de sonidos pregrabados más actuales también optaron por una versión comedida del hit “Unbelievable” de EMF.

Reyko (Foto: Jordi Trenzano)

Setlist:

  • Going Up
  • Rescue
  • All That Jazz
  • Flowers
  • Bring On the Dancing Horses
  • All My Colours (Zimbo)
  • Seven Seas
  • Nothing Lasts Forever / Walk on the Wild Side
  • Over the Wall
  • Bedbugs and Ballyhoo
  • Never Stop
  • The Killing Moon
  • The Cutter

Bis:

  • Lips Like Sugar

Bis 2:

  • Ocean Rain
Escrito por

Cine, música y artes visuales son las tres disciplinas que más me llaman la atención. Cuando se entrecruzan libremente, más enigmáticas e inquietantes me parecen. De adolescente fui fan de Pink Floyd, R.E.M. y Sonic Youth. En mi reproductor suenan muy a menudo CAN, Talking Heads, Tom Waits y Stereolab. También el jazz de los ’60, el rock alemán de los ‘70, el pop independiente de los ’80 y la electrónica de los ’90. He colaborado en diversos medios escritos sobre música y cine, especialmente de vanguardia y experimental.

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