Dentro del eterno debate sobre los festivales en Barcelona, Mostra ha entrado en su tercera edición con modestia y decisión. Obligaciones de todo tipo evitaron que pudiera asistir a todo su cartel, pero se vio suficiente para apreciar a un festival con cariño en su curación y trato al público. Con algo más de un millar de espectadores y emplazado sabiamente en la semana santa, Mostra trabaja un cartel bien anclado entre lo experimental y lo bailable, tiene unos horarios razonables para descansar y da nueva vida a un emplazamiento único, el Castell de Montjuïc.

Antes de llegar a Montjuïc, el jueves 28 de marzo Mostra iniciaba su andadura en Poble Nou, en la Sala Ricson de Hangar. En consonancia con el recinto, hogar de experiencias cómplices como el ciclo Rarefacció, la jornada dio preferencia a lo ambiental y lo menos obvio, caso de las sesiones de Ario o Lou Drago, los directos de Night Sea o Javier Marimon & Romi o el particular directo del brasileño Hems, basado en el uso sintetizado de un gong. Raro de ver, muy difícil de fotografiar, pero extrañamente agradable de sentir.

El viernes 29 llegaba el traslado a Montjuïc. No deja de tener su miga ver un recinto del siglo XVII y con una historia de batallas y represión convertido en un palacio de baile desbocado. Curioso era también presenciar a últimas horas de la tarde un solapamiento entre el público de Mostra y el turista familiar habitual del Castell, que advertía ojiplático que su entrada le permitía asistir a una especie de rave pacífica.

Para esta edición Mostra añadió un segundo escenario en uno de los fosos que rodean el patio de armas, emplazamiento del escenario principal. En esta zona el aforo quedó restringido para acomodar a los presentes, de la misma manera que el aforo total era el ideal para bailar con espacio.

¿Y en lo artístico? Llegado ya a una edad y sin haber profundizado en el mundo de la electrónica, a servidor adivinar los tonos de una sesión de DJ no le es muy difícil, pero analizarlos con claridad le resulta tan complicado como interpretar los trazos o colores de un cuadro. En este sentido, la secuencia de sesiones del viernes (Sybil, Konduku y Forest Drive West) seguramente hizo las delicias del clubber más terrenal, aquel que se nutre del techno para crear un relato de tensión creciente. La combinación de directos y sesiones del sábado (Patrick Russell, Atom & Tobias y Sonic Wave Collective) buscaban un baile igual de potente pero más improvisado, con el aliciente del peculiar montaje de Sonic Wave Collective (la unión de Absis, Cyclos, Spear, Puntalaberinto y Mod1), un espacio cubierto rectangular con un imponente y democratizador aspecto escénico.

La jornada del domingo tuvo una visita inesperada de una lluvia casi torrencial, que causó escenas peculiares: Para acceder al escenario del foso sin caer en un gran charco se habilitaron unas cajas, al tiempo que en la sesión de Fran Campos, la cabina del DJ se convirtió en un refugio socializador. No fue poco el público valiente que lo dio todo en una ducha constante o bajo un chubasquero. La lluvia provocó el traslado del directo enérgico de Vardae al escenario principal, bien complementado luego con la propuesta de Konsudd. La actuación de Rrose, la que más se acercó a lo espacial y lo psicodélico, fue posiblemente la más rica para quien firma, en una jornada cerrada con más baile, esta vez en la sesión de Timnah.

Al final de cada jornada tocaba regresar, en mi caso a Poble Sec, el barrio vecino de Montjuïc. De la misma manera que desde mi casa se escuchan los conciertos en el Estadi Olímpic, los últimos coletazos de Mostra también eran audibles. Los prefiero a escuchar a Coldplay, créanme.