Steve Gunn silenció El Molino con su destreza a la guitarra acústica y la poética ensoñadora de su voz. El prolífico guitarrista, cantante y compositor neoyorquino volvió a Barcelona dentro de una gira europea de dos meses en la que también visitará Vic, San Sebastián y Bilbao. El que fuera componente de Kurt Vile & The Violators en 2012 ya había tocado en diversas ocasiones en la capital catalana: en la sala Sidecar y en los escenarios del Primavera Sound. Esta vez no venía a presentar ningún disco nuevo, tan sólo a seguir interpretando la riqueza de su repertorio en formato solista. Aunque una banda de acompañamiento hubiera enriquecido el sonido, lo cierto es que el concierto resultó plenamente atractivo para los oídos.

Después de dos temas que sirvieron para tantear la situación entre el ruido de fondo, Steve Gunn tocó ‘Wildwood’, una de las canciones incluidas en su maravilloso disco Way Out Weather (2014). Encumbrado por la revista The Wire como una de las grabaciones más significativas de ese año, el disco supuso su contratación por parte del sello Matador, casa de Yo La Tengo, Pavement, Cat Power y muchos otros pilares de la música independiente norteamericana. Sus tres álbumes publicados ahí –Eyes on the Lines (2016), The Unseen in Between (2019), Other You (2021)–, así como los diferentes Eps y las numerosas ediciones en otros sellos de prestigio como Thrill Jockey, no han hecho otra cosa que confirmar la valía de Steve Gunn. La belleza instrumental de sus canciones y la serenidad que transmiten sus letras lo sitúan en un lugar privilegiado del folk y el rock independientes de la actualidad. Su habilidad para congregar unas cadencias country filtradas por la psicodelia más urbana, da lugar a un repertorio personal que evoca influencias pretéritas, más o menos veladas.

En la renovada sala del Paral·lel, el músico afincado en Brooklyn desplegó sus canciones metódicamente, levantando capas sonoras a base de punteos de guitarra, efectos de pedales y un diálogo continuo con su amplificador. Cierta cadencia jazzística asomó entre un conjunto de ambientes folk y desarrollos cósmicos que alternaron el carácter íntimo de la lírica con la distorsión eléctrica. Sonaron canciones como ‘New Moon’ y ‘On the Way’, una versión inusualmente lenta del clásico ‘I’ll Be Your Mirror’ de la Velvet Underground y otra del compositor británico Michael Chapman titulada ‘Among the Trees’. Todas ellas conformaron un directo pausado, entrañable, quizás algo lineal. Después de un único bis, Gunn concluyó una actuación de una hora y veinte minutos.

Durante las pausas el músico se mostró poco locuaz. Manifestó el hecho de rememorar la primera vez que estuvo en Barcelona, cuando apenas tenía dieciocho años. Destacó la belleza de la ciudad y agradeció a las personas que se habían acercado esa noche a escucharlo: “me motivan para seguir tocando mis canciones en otras ciudades”, dijo. Que al acabar sonara un disco de Nick Drake era un modo de señalar una influencia ineludible en su manera delicada de entender la música. Si hubiera sonado algo de John Fahey o Bill Callahan, tampoco hubiera desentonado.

Finalizado el concierto se pudieron extraer diversas conclusiones. La primera, constatar que el público era mayoritariamente extranjero. La segunda, confirmar que la remodelada sala El Molino promete dar muchas alegrías; resulta ser un lugar excelente para acoger directos de pequeño o medio formato, tanto con mesas en la platea como sin ellas. La programación, gestionada por los organizadores del Cruïlla, ya ha anunciado un buen listado de artistas para los próximos meses. Entre ellos merece la pena destacar el trío australiano The Necks, el versátil músico británico Matt Elliott y, atención, el creador William Basinski, artífice de los míticos The Desintegration Loops. Habrá que estar atentos.
