Feroe 2025 (Poble Espanyol, 14-15/11/25)

Valerie June (Foto: Jordi Trenzano)
Valerie June (Foto: Jordi Trenzano)
Valerie June (Foto: Jordi Trenzano)
The Tallest Man On Earth (Foto: Jordi Trenzano)
The Tallest Man On Earth (Foto: Jordi Trenzano)
The Tallest Man On Earth (Foto: Jordi Trenzano)
The Tallest Man On Earth (Foto: Jordi Trenzano)
The Jayhawks (Foto: Jordi Trenzano)
The Jayhawks (Foto: Jordi Trenzano)
The Weather Station (Foto: Jordi Trenzano)
The Weather Station (Foto: Jordi Trenzano)
The Weather Station (Foto: Jordi Trenzano)
Nick Lowe (Foto: Jordi Trenzano)
Nick Lowe (Foto: Jordi Trenzano)
Nick Lowe (Foto: Jordi Trenzano)
Nick Lowe (Foto: Jordi Trenzano)
Squeeze (Foto: Festival Feroe)
Squeeze (Foto: Festival Feroe)

Hay algo profundamente reconfortante en que surjan propuestas como el Festival Feroe. En un panorama festivalero saturado de masificaciones y macroconciertos, esta primera edición celebrada el pasado fin de semana en el Poble Espanyol de Barcelona apostó por una filosofía opuesta: la calma, el aforo limitado, un único escenario y, sobre todo, bandas de culto y artistas de contrastada calidad. El concepto —resumido en su lema “Atura’t, escolta i viu” (detente, escucha y vive)— invita a disfrutar de cada nota sin distracciones, a conectar con la música de forma genuina. Y aunque el festival demostró que tiene el corazón en el lugar correcto, también evidenció que hay aspectos por pulir en futuras ediciones, especialmente en cuanto a la programación de ciertos artistas en contextos más adecuados.

The Weather Station (Foto: Jordi Trenzano)

La jornada inaugural del viernes 14 arrancó con The Weather Station, cuya cantante Tamara Lindeman salió radiante al escenario mostrando un esplendoroso embarazo que añadió una capa extra de emoción a la velada. Su repertorio se apoyó principalmente en sus discos ‘Humanhood’ e ‘Ignorance’, alternando entre momentos delicados y otros más enérgicos. Los cortes más sutiles, lamentablemente, fueron desvirtuados por el murmullo constante del público, una problemática que se repetiría durante la noche. En cambio, los temas más enérgicos funcionaron de maravilla, con especial mención para el trabajo de la saxofonista Karen Ng, que elevó la propuesta con su presencia escénica y su capacidad para dialogar con las texturas de la banda.

The Jayhawks (Foto: Jordi Trenzano)

Después llegó el turno de The Jayhawks, leyendas del alt-country que se tomaron su tiempo para arrancar. Las tres primeras canciones dejaron entrever que la voz de Gary Louris no atraviesa su mejor momento, y la química entre el bajista Mark Perlman, el batería Tim O’Reagan y la teclista Karen Grotberg dista mucho de sus épocas doradas. Echamos de menos esas maravillosas polifonías vocales que definieron su sonido y la ausencia de un segundo guitarra pesa como una losa. Pero seamos justos: es imposible que una banda con un catálogo tan incontestable como ‘Tomorrow The Green Grass’, ‘Rainy Day Music’, ‘Smile’ o ‘Hollywood Town Hall’ ofrezca un concierto decepcionante. Temas como “Blue”, “Tailspin” o “Bad Times” siguen emocionándonos y dibujando sonrisas en nuestros rostros, recordándonos por qué estas canciones son pequeños tesoros del rock americano.

The Tallest Man On Earth (Foto: Jordi Trenzano)

Para cerrar la noche, The Tallest Man On Earth desplegó su arsenal de instrumentos —violín, banjo, guitarras de todo tipo, teclados— en una batalla contra los charlatanes que, desafortunadamente, no ganó. Y aquí conviene señalar que el problema no fue de Kristian Matsson, sino de programación. Un artista de su naturaleza, cuya propuesta musical es calmada, delicada e íntima, habría estado mejor ubicado en una sala pequeña o un auditorio con el público sentado. De esta manera se evita el bullicio y la incomodidad de que la gente hable e interrumpa una experiencia que requiere silencio y atención. Su lugar para cerrar la noche debió ocuparlo quien, paradójicamente, abriría la jornada siguiente.

Valerie June (Foto: Jordi Trenzano)

El sábado 15 comenzó con Valerie June, y fue aquí donde el festival alcanzó su verdadero esplendor. El concierto de la artista estadounidense resultó sencillamente maravilloso. June combinó soul, blues y música negra con su estética de medusa postmoderna y un carisma escénico que hechizó al público desde el primer acorde. Su actuación trascendió lo musical para convertirse en una experiencia casi espiritual. Tocó un poco de cada uno de sus discos —’Pushin’ Against a Stone’, ‘The Order of Time’, ‘The Moon and Stars: Prescriptions for Dreamers’— y ofreció una versión memorable de “Somebody to Love” que puso los pelos de punta. Valerie June demostró que el Festival Feroe había acertado de pleno con su fichaje, convirtiéndose en uno de los momentos álgidos del fin de semana. Esperemos que vuelva pronto a nuestro país y podamos disfrutarla en sala, ya que el set de una hora escasa que pudimos disfrutar nos supo a poco.

Nick Lowe (Foto: Jordi Trenzano)

Más tarde salió a escena Nick Lowe junto a Los Straitjackets, y, como de costumbre, la química con la audiencia fue instantánea. Lowe, referente indiscutible del pub rock, el power pop y la new wave, se mostró en plenitud, conjugando elegancia y ritmo con la banda de enmascarados de la lucha libre mexicana con los que suele asociarse. Los americanos capitaneados por Eddie Angel (suponemos…) aportan el toque de calor y fantasía surf idóneo para elevar la propuesta . La combinación funcionó a la perfección: Lowe, con su actitud relajada y su voz cálida, y Los Straitjackets, con sus máscaras y su energía contagiosa, ofrecieron un concierto notable que dejó al público con ganas de más.

Squeeze (Foto: Festival Feroe)

Pero el clímax de este sábado —y del festival entero— lo puso Squeeze, que ofrecía su debut en España tras cinco décadas de trayectoria. Hijos del tránsito del pub rock a la new wave en los años 70, estos británicos liderados por Glenn Tilbrook y Chris Difford impresionaron con su pop pulcro y elegante, de imaginativas líneas melódicas, en una frondosa formación de octeto. Fue un placer dejarse llevar por ese cancionero con un punto imprevisible, que sigue creciendo -hicieron alguna incursión en ‘Trixies’, que publicarán en 2026-, y que reservó pliegues soul, giros barrocos, suaves armonías vocales y el trote ska-jazz de “Cool for cats”.

No faltaron sus hits: “Up the junction”, “Pulling mussels (from the shell)” y “Tempted” fueron coreados por un público entregado, algunos de cuyos miembros habían viajado desde distintos puntos de España para presenciar este momento histórico. Al lado de este cronista, un fan lloraba de emoción como un niño en la noche de Reyes, incapaz de contener las lágrimas ante la posibilidad de ver por fin a sus ídolos en directo. Ese tipo de momentos son los que justifican la existencia de festivales como Feroe.

Squeeze (Foto: Festival Feroe)

En definitiva, el Festival Feroe ha demostrado que hay espacio para propuestas que prioricen la calidad sobre la cantidad, la intimidad sobre la masificación. Con ajustes en la programación —ubicando a artistas más delicados en contextos apropiados y educando al público sobre el respeto al silencio cuando la música lo requiere— esta cita tiene el potencial de convertirse en una referencia obligada. Deseamos una larga vida al Feroe y esperamos que en siguientes ediciones sigan apostando por bandas de contrastada calidad del rock, la música negra y el power pop, y que crezca con la salud que merece. Barcelona necesita más festivales así.

Escrito por

La vida és constant evolució. De rocker irreductible a melòman eclèctic, aquest portador dels riffs pesants amb els anys ha mutat a amant de les veus femenines i els ritmes vells, sempre professant simpatia i admiració per freaks i outsiders. Nirvana, Iggy and The Stooges i Pixies segueixen ressonant al meu cervell a la vegada que My Morning Jacket, Band Of Horses, Nick Waterhouse o Laura Marling, sense oblidar-nos dels Cramps, Daniel Johnston, Tiny Tim o Thor. Des del 2001 he col·laborat en diversos mitjans de premsa musical.

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