Laurie Anderson (L’Auditori, 10/11/25)

Laurie Anderson (Foto: Jordi Trenzano)

Filosofar de música sin “bailar de arquitectura”. La artista multidisciplinar estadounidense Laurie Anderson presentó en LAuditori de Barcelona su espectáculo Let X=X, un sugerente concierto multimedia de canciones recitadas como spoken word, instrumentación versátil de cadencia jazzística y presentaciones visuales a modo de conferencia performativa. Enmarcado dentro del Festival de Jazz de Barcelona, el directo –titulado a partir de la penúltima canción de su disco de debut Big Science (1982)–, fue toda una alegría para los sentidos, también para el intelecto. Acompañada de siete músicos experimentados, Anderson desplegó pacientemente su repertorio combinando el violín y los teclados con su característica voz, alterada digitalmente en momentos puntuales. Locuaz entre canción y canción, clarividente en todas y cada una de sus apreciaciones –festejó la esperanzadora irrupción de Zohran Mandani como nuevo alcalde democrático de Nueva York–, la cantante situó en el centro del debate el momento crítico que vive su país. Lo hizo para elogiar el arte y la cultura de la segunda mitad del siglo XX. También para celebrar el aquí y ahora.

Laurie Anderson (Foto: Jordi Trenzano)

Ante el auge de políticas reaccionarias que suprimen derechos civiles logrados en épocas pretéritas con formas dictatoriales risibles que deberían hacer llorar, Anderson ofreció un concierto marcado por la reivindicación cultural. Contraponer la poesía, la música y la filosofía a la represión gubernamental es un gesto político que, ante todo, celebra la libertad de expresión. Las menciones a figuras emblemáticas como Gertrude Stein, John Cage, William S. Burroughs, Bob Dylan, Allen Ginsberg, Cornel West, Arthur Russell y Lou Reed, tuvieron ese efecto. Aunque el tono excesivamente didáctico de la velada pudo parecer, por momentos, una clase de literatura norteamericana, la fuerza de la banda de jazz Sexmob evitó que así fuera. Kenny Wollesen (batería y percusión), Tony Scherr (bajo), Doug Wieselman (guitarra), Briggan Krauss (saxofones alto y tenor), Steven Bernstein (trompeta), Christina Courtin y Mazz Swift (dos violinistas y coristas de altos vuelos) se encargaron de dar ritmo, brillo y matices sonoros a un concierto pautado por los recursos visuales.

Laurie Anderson (Foto: Jordi Trenzano)

Las imágenes en movimiento, los retratos fotográficos y las citas escritas proyectadas en pantalla marcaron la cadencia de un directo que empezó con un emotivo “Big Science”, uno de los temas más reconocidos de la cantautora. Tras él se recordó la influyente figura de William S. Burroughs con una canción “Language Is a Virus” extraída de su disco Home of the Brave (1986). En ella hizo presencia la voz pregrabada del escritor, recuperada del tema “Sharkey’s Night” perteneciente a otro de sus álbumes más relevantes: Mister Heartbreak (1984). “Never forget that justice is what love looks like in public”, fue la frase que se recuperó del filósofo afroamericano Cornel West. Sirvió para recordar que el amor debería pautar la acción social, dignificar a todos los seres humanos y evitar las múltiples desigualdades que rigen la vida en la Tierra.

Laurie Anderson (Foto: Jordi Trenzano)
Laurie Anderson (Foto: Jordi Trenzano)

Una hermosa versión de Arthur Russell vino sucedida por otra mucho más conocida: “Dirty Blvd.” de Lou Reed. Entre anécdotas sobre la posibilidad de huir a Marte, la inutilidad de la Inteligencia Artificial para crear fotografías de su abuelo y los recitales poéticos de Gertrude Stein como precedentes del estrellato en la música rock, Anderson y su banda fueron desgranando su repertorio. Una versión de Bob Dylan del año 1963 –la profética “A Hard Rain’s A-Gonna Fall”–, una canción reggae –”Bodies in Motion”–, una interpretada para violín invisible y otra más planteada como una danza donde simuló emitir sonidos sintéticos mediante su cuerpo, fueron cayendo a lo largo del directo.

También rememoró el arte conceptual de los años setenta. Con un título tan explícito como “It’s Not the Bullet That Kills You, It’s the Hole”, se acordó del artista Chris Burden y su sintomática performance Shoot (1971), una crítica a la violencia armada sufrida en primera persona. Hacia el final Laurie Anderson explicó que en China su ex-marido Lou Reed fue más conocido como maestro de taichi que como cantante. Fue la introducción a una breve sesión de este arte marcial a la que se sumó buena parte de la audiencia. Un modo insólito de finalizar un show donde no sonaron “O Superman” ni “Blue Lagoon”. Hubiera sido el colofón a una noche enternecedora que finalizó tras dos horas de música y pensamiento en movimiento.

Laurie Anderson (Foto: Jordi Trenzano)

Setlist:

  • Intro: The Order of Love
  • Big Science
  • Language Is a Virus
  • Coolsville
  • It Is a Lovely Day (cover d’Arthur Rusell)
  • Dirty Blvd. (cover de Lou Reed)
  • Transitory Life (feat. Aidysmaa Koshkendey) (Excerpt)
  • Beautiful Red Dress
  • Volcanoes on Mars
  • The Story of Grandfather Axel Anderson
  • A Hard Rain’s A-Gonna Fall (cover de Bob Dylan)
  • Bodies in Motion
  • 3 Rules For Life/Drum Dance
  • It’s Not the Bullet That Kills You, It’s the Hole
  • Uncle Allen
  • The Size of the Con
  • Muddy River
  • Junior Dad (cover de Lou Reed & Metallica)
  • Rouge/Loop Vamp (for Invisible Violin)
  • Violin solo and band introductions

Bis:

  • Born, Never Asked/Tai Chi

 

Escrito por

Cinema, música i arts visuals són les tres disciplines que em criden més l'atenció. Quan s'entrecreuen lliurement, em semblen més enigmàtiques i inquietants. D'adolescent vaig ser fan de Pink Floyd, R.E.M. i Sonic Youth. Al meu reproductor sonen molt sovint CAN, Talking Heads, Tom Waits i Stereolab. També el jazz dels '60, el rock alemany dels '70, el pop independent dels '80 i l'electrònica dels '90. He col·laborat en diversos mitjans escrits sobre música i cinema, especialment avantguarda i experimental.