El Sónar, con cifras este 2024 de más de 154.000 asistentes, se consolida nuevamente como una de las citas imperdibles en Barcelona, pero también en Europa. Esta edición ha destacado por ser un Sónar reencuentro con la ciudad de Barcelona, pues estuvo marcado por una mayor afluencia de público local en contraposición a ediciones anteriores en las que el público extranjero era predominante. Ha sido un Sónar de volver a disfrutar de conciertos de viejos conocidos del festival, pero también, como viene siendo habitual, de descubrir nuevas tendencias y a aquellos artistas pioneros y pioneras en géneros que prácticamente no existían hasta antes de ayer.
El ambiente, como todos los años, ha sido de buen rollo, con innumerables facilidades dentro del festival, y sin colas interminables, pero si algo se debe destacar es el sonido perfecto e impecable de cada uno de los diferentes espacios del festival. Desde luego, en un festival centrado en ofrecer música, y concretamente de este tipo, la calidad del sonido es importante, y Sónar no defrauda.

En un primer vistazo al cartel se podría pensar que el Sónar ha sido algo conservador a la hora de conformar su cartel, e incluso puede llegar a parecer poco imaginativo, ya que hay más de un y una DJ que puedes ver en la ciudad condal varias veces a lo largo del año sin mucho esfuerzo. Entiendo que esto tal vez sea más bien un problema de falta de artistas girando, y no tanto a una falta de imaginación por parte del festival. A pesar de ello, es también obvio que los tótems de la electrónica deben estar en el festival, puesto que siempre ofrecen experiencias que no verás en ningún otro lugar o sesión.
Sea como sea, el festival ha vuelto a ofrecer más de un concierto memorable a lo largo de sus tres maratonianas jornadas en las que se han diferenciado claramente el Sónar día y el Sónar noche. En esta primera parte repasaremos lo vivido durante las jornadas diurnas, mientras que en la segunda parte haremos lo propio con las jornadas nocturnas y una breve revisión de las mejores propuestas del Sónar+D.
Sea como sea, la experiencia general del Sónar 2024 no ha podido ser más positiva.
SÓNAR DÍA
Jueves

El primer día en el Sónar siempre es de acercamiento, de volver a pisar el festival, reconectar con él y comenzar a calentar para todo lo que viene por delante. O comenzar por todo lo alto, claro, cada uno lo que prefiera. A primera hora, el concierto de Bikôkô en el Sonar Hall fue un buen inicio, con su mezcla de electrónica y percusión junto a una enorme banda. pablopablo, que se dio a conocer gracias a su colaboración en el tour de C. Tangana, pero también por ser el hijo de Jorge Drexler, se presentó como el tipo de cantautor electrónico que define la época en que vivimos. Su actuación hizo pensar en un James Blake al que le hubiesen dado una guitarra en lugar de aparatos electrónicos y sintetizadores. Judeline, que ha pasado de ser una revelación española a convertirse en uno de los puntales más importantes de la nueva generación de músicos de nuestro país, disipó todo tipo de dudas en su concierto. Se presentó completamente de blanco y con una puerta hacia el cielo como decorado, y con este minimalismo hizo que el púbico se elevara con cada una de sus canciones, mención especial a “Zahara” y a su ya clásica versión de “La Tortura” de Shakira.

Mientras tanto, Olof Dreijer, la mitad de los añorados The Knife, actuó en el escenario principal junto a Diva Cruz. Su set. en el que se iban turnando la mesa de mezclas y la percusión, exploró todo tipo de ritmos, desde los más funks hasta aquellos con tintes brasileños. Posteriormente, y en el mismo escenario, Toya Delazy presentó ese nuevo estilo acuñado por ella misma llamado Afrorave, en el que mezcla jungle, dancehall y rap, en un set en el que fue subiendo la intensidad hasta ofrecer un memorable final con mucho drum’n’bass. A pesar de ello, a mí me recordó mucho a los conciertos que ha hecho Little Simz en este mismo festival.

El plato fuerte del día, Sevdaliza, llenó el SónarPark hasta los topes. No visitaba Barcelona desde su actuación en el Primavera Sound y eso se notaba en las ganas que tenían, tanto el público como ella. La artista iraní residente en los Países Bajos se presentó en escena con poses de baile sensuales, imaginativos juegos de luces, y beats que poco a poco fueron dando paso a sonoridades cercanas a la rave. Sin embargo, su actuación a mí me dejó algo frío, recordándome a algo así como una mezcla entre las producciones de Arca cantadas por una estrella pop como podría ser Mariah Carey. Afortunadamente, y después del cierto bajón que me dejó Sevdaliza, el show de Surusinghe en el Village no pudo ser mejor. Comenzó con un remix “Oral” de Björk y Rosalía y de ahí fue solo para arriba, con una sesión que para mí fue de las mejores del festival, con esa mezcla de electro, dembow y hasta reggaetón deconstruido.

Mientras tanto, Aïsha Devi presentó en el Complex un show llamado “Les Immortelles”. Su actuación recordó de nuevo a Arca (creo que es la eterna influencia de muchas de las cosas que se hacen ahora), pero también a los experimentos vocales de Holly Herndon e incluso a Enya, solo que macerado con ritmos y descargas electrónicas que es imposible que te dejasen indiferente. La escenografía del show, consistente en una serie de telas gigantes desgarradas y de unas banderas, corría a cargo de Emmanuel Biard.

Finalmente, Yunè Pinku en el Village ofreció un concierto que hubiese entrado mucho mejor unas horas antes, pues su UK garage con alto componente vocal no parecía ser lo que el público esperaba antes del gran final con Folamour, quien ofreció la sesión de house y disco fresquita que se puede esperar de él.
Viernes

El viernes no pudo empezar mejor que con el concierto de la artista colombiana Ela Minus en el Hall, presentando algunas de las canciones del que será su segundo álbum de estudio tras el ya lejano “acts of rebellion” (2020). Seguidamente, e incluida en el cartel tras la caída de Yerai Cortes, Verde Prato hizo en el Complex el que seguro fue uno de los mejores conciertos del festival. La artista vasca, que se presentó ella sola junto con su teclado, transportó al público a un espacio entre lo onírico y lo físico, gracias a su increíble voz y a su capacidad de hacernos crear una atmosfera que es cálida y a la vez fría, gracias al contraste del alma folk de su música y los beats que salen de sus teclados. Kabeaushé ofreció en el Village una sesión muy fresca, mientras que Marie Davidson en el SonarPark hizo otro de los mejores conciertos de la tarde. De nuevo una mujer junto a una mesa de mezclas y un teclado, pero con una propuesta radicalmente opuesta a lo que hizo Verde Prato, pues esto era se convirtió en una mezcla entre una fiesta rave y el sello DFA. Una salvajada.


Kianí del Valle estrenaba espectáculo, ‘CORTEX’, en el Complex+D junto con su Performance Group, combinando vanguardistas pasos de danza con la música experimental de Tayhana y unos increíbles visuales del estudio barcelonés Hamill Industries. Mientras tanto, en la sala de al lado, Surgeon y Speedy J presentaban el live ‘MULTIPLES’, regalando a los asistentes una clase magistral de techno extremadamente físico, pero también extremadamente cerebral, acompañado de unos juegos de luces que eran para quedarse ciego. Como un taladro percutiéndote en el cerebro.
Mientras tanto, Kelly Moran hizo otro de los conciertos memorables de la jornada (de nuevo una mujer sobresaliendo entre el grueso del festival) con su piano tratado, regalando una hora de mezcla de música electrónica y clásica cautivadora y emocionante. Ya para cerrar, el mítico Laurent Garnier hizo un poco lo mismo de siempre (en el buen sentido): abrazar todas las épocas de la música electrónica para ofrecer una sesión tan profesional y de tan buen gusto como es habitual en él.
Sábado

Mainline Magic Orchestra dieron el pistoletazo de salida al último día del Sónar en el Village. Fue una lástima que su música house, totalmente pensada para la fiesta y el espectáculo, se viera algo deslucida debido a la baja afluencia del público a esa primera hora. Mientras, en el Complex+D, Iceboy Violet & Nueen unieron fuerzas para ofrecer una actuación intensa y realmente oscura y retorcida.

El gran momento de la tarde llegó con horsegiirL y su makina. Disfrazada con una máscara de caballo, la artista berlinesa congregó a un numeroso público que parecía disfrutar con cada requiebro happy hardcore. Por su parte, Loraine James hizo uno de los conciertos más ovacionados del festival, presentando su álbum del año pasado, “Gentle Confrontation”. Su música basada en el glitch se vio extremadamente beneficiada gracias a los visuales de extrarradio que se proyectaban de fondo. Posteriormente, TOMMY CASH ofreció en el Village un show totalmente gamberro y extravagante en el que mezcló todo lo que quiso mezclar, desde el trap al gabba, pasando por el hyperpop.

El concierto de Laurel Halo en el Complex fue uno de los conciertos más maravillosos que se puedan recordar en este escenario. Ella, sentada delante de un piano, y acompañada de Leila Bordreuil al contrabajo, repasó “Atlas”, su último álbum, en un concierto que transitó del ambient más experimental a momentos más cercanos al jazz. Sublime. Mientras esto ocurría en el auditorio del festival, en el resto de escenarios, y ya en el otro espectro musicalmente hablando, Kittin y David Vunk hicieron un “back to back” que puso el escenario principal patas arriba, mientras que Gabber Eleganza traían desde Italia al SónarPark su mezcla de hardcore y gabber. La energía de su actuación, acompañada de una coreografía enérgica a cargo de una serie de bailarines, no dejó indiferente a ninguno de los presentes.
*Puedes recuperar también la crónica del Sónar de noche en este otro link.