El Sónar de noche congregó en la Fira Gran Vía un aluvión de propuestas de múltiples géneros y estilos en dos jornadas completamente diferenciadas. Mientras que la primera parecía estar más enfocada en conciertos y sonoridades electrónicas alternativas o menos cercanas al techno, la segunda noche estuvo más enfocada a la celebración electrónica y a la tralla en su máximo esplendor, y eso se notó en la afluencia de gente entre cada una de las noches.

SÓNAR NOCHE
Viernes

El Sónar noche del viernes comenzó directamente con el que sería, a priori, el plato fuerte del festival. Sin lugar a dudas, la actuación de AIR tocando de arriba abajo su álbum de debut, “Moon Safari”, era uno de los conciertos más esperados, especialmente por todos aquellos que se han acercado a la electrónica desde una perspectiva más bien indie. Los franceses aparecieron dentro de un escenario rectangular de color blanco que fue cambiando con un sistema de iluminación y de visuales que retrotraía a imágenes de viejas películas sci-fi. Fue un concierto excelente, en el sentido que dio todo lo que se esperaba de él y cumplió con nota la celebración del disco mítico. No obstante, hay que decir que tal vez solo fuese perfecto para los nostálgicos, pero igual no tanto para todos aquellos que no sabían bien a qué se acercaban y que pudieron acabar algo adormilados con la electrónica del dúo. Puede ser por eso que el escenario no se llenó (abrir el escenario principal siempre debe ser difícil, y más si continúa pinchando Laurent Garnier en el Sónar día), pero también puede ser que tal vez no era el lugar más adecuado para tamaña celebración.

Una vez acabó el concierto de AIR, Jessie Ware comenzaba el suyo en el otro extremo del festival. La diva disco apareció con una entrada impresionante que nos transportó a todos los allí presentes al mítico Studio 54, solo que en este caso estaba bautizado como “The Pearl”. Así, apareció Jessie, con un icónico vestido de noche de brillantes, acompañada de una completa banda con bailarines, teclados, batería e instrumentos de viento. El concierto continuó algo suave tras esa entrada triunfal, pero poco a poco comenzó a subir la temperatura con las canciones de sus dos últimos discos, ¿“What’s Your Pleasure?” y “That! Feels Good!”. Demostró un auténtico poderío de voz, especialmente en temas “Spotlight” o en “Pearl”, pero fue en los momentos en los que los bailarines hacían voguing o en la inolvidable versión que hizo de “Believe” de Cher cuando el público celebró especialmente el concierto. De la tranquilidad de AIR pasamos a la exaltación en un abrir y cerrar de ojos. Magnífico.

Justo después, en el mismo SónarPub comenzaron su sesión Toy Tonics Jam: Kapote & Sam Ruffillo, uniendo desde el principio música disco brasileña con toques africanos, pero también con italo-disco, lo que hizo que muchas personas ni se movieran de escenario después de Jessie Ware. La Goony Chunga tocaba poco después en el SónarCar, el escenario dedicado a las nuevas corrientes musicales. La artista cubanoamericana, un claro referente para gente como Ms Nina, Bad Gyal o la Zowi, presentó un show de los que hace unos cinco años, cuando aquello del trap comenzó en nuestro país, hubiese triunfado. En el 2024 ya luce más bien obsoleto, y más viendo los visuales y esa tipografía Word Art tan 2005. A pesar de ello, es importante la programación de este tipo de artistas femeninas que llevan el empoderamiento por bandera.

Como último plato fuerte de la noche, estaba el concierto de Kaytranada presentando su último disco, “Timeless”, que salió un par de semanas antes. Bajo unos visuales realmente chulos conformados por bloques monolíticos y por la silueta del músico, el concierto no dejó de ser un deja vú de todos sus anteriores directos en Barcelona. Lo mismo puede decirse de DJ Tennis, quien hizo lo mismo de siempre, así como del cierre de Danny Tenaglia, que hubiese tenido más sentido en el marco de una fiesta de día tipo Brunch que en el cierre del festival.
Sábado

La última noche del festival se presentaba como la más techno (o tal vez hard techno) de las dos, y quién mejor para inaugurar algo así que Paul Kalkbrenner. El que fuera pionero en hacer del techno berlinés algo mainstream congregó a mucha más gente que AIR. Sin embargo, y desde mi punto de vista, su show no llegó del todo a despegar debido principalmente a la seriedad de su propuesta y unos visuales poco vistosos en los que él era el principal reclamo, además de su portátil y su enorme mezcladora llena de cables y botones. Por su parte, el show de Octave One en el SónarLab sí que presentó un techno abstracto, muy Detroit y cercano a la ciencia ficción, que resultó mucho más interesante.
Vince Staples, el rapero estadounidense que para mí está un peldaño o dos por debajo de Kendrick Lamar, ofreció uno de los conciertos más extraños del festival. Empezó flojo, con unos visuales realmente sencillos en blanco y negro, repasando su último álbum, un disco oscuro y poco dado al hit, lo cual lastró su concierto hasta la segunda mitad, cuando comenzó a repasar canciones como “Yeah Right” o “Big Fish”. Sin embargo, tampoco con estas supo conectar con el público. Ni acabó de explotar ni acabó de demostrar porqué es uno de los mejores raperos de la actualidad.

A su vez, en el SónarCar, LaFrancessa debutaba en el festival con su deconstructed club, mientras que Charlotte de Witte, desde hace unos años una de las máximas exportadoras del techno belga, presentaba en el escenario principal un show extremo que congregó a muchísima gente. Un valor seguro si lo que quieres es pasártelo bien mientras que el bombo te taladra el pecho.
Después de la extravagancia del show de Club Cringe, colectivo de dirty pop de Nueva York, en el que se pinchó música en los extremos, especialmente mucho hyperpop y mucha makina, pasamos a la sesión de River Moon en el Pub. Aquí, las revoluciones subieron con una sesión juguetona y divertida que no fue otra cosa sino una celebración de la cultura queer en todo su esplendor. Por último, el show de Floating Points adoleció de cierto retraso y grandes altibajos a lo largo del concierto. Comenzó con fuerza desde el primer minuto, haciendo uso de sus sintetizadores modulares, de su buen gusto y de su saber hacer, con unos visuales realmente impresionantes, pero que poco a poco se vio lastrado por lo que parecieron problemas técnicos. Aun así, es un artista brutal, y después de ver un show así, no podemos hacer otra cosa que seguir pidiendo al festival que traiga más lives, ya que la verdadera emoción del directo reside en ellos. Aunque no siempre salgan bien.
SÓNAR+D

Además, y como es habitual, el festival ofreció también una visita guiada a los medios en la que pudimos conocer y experimentar de primera mano algunos de los más de 70 proyectos que conformaban el Sónar+D. Entre ellos, los que más nos sorprendieron fueron AI & Me: The Confessional and AI Ego, donde una ingeniosa Inteligencia Artificial escanea tu imagen para emitir una opinión sobre ti sin ningún tipo de vergüenza, o Krea.ai, un proyecto que fabrica fascinantes interfaces con el objetivo de mejorar el trabajo de creativos y diseñadores a través de la IA. Desde luego, el poder descubrir las innovaciones que dan forma al futuro de las industrias creativas es un gran complemento a toda la música del festival.
Nos veremos el año que viene en la Fira de L’Hospitalet de Llobregat, la cual acogerá todo el festival, entre los días 12, 13 y 15 de junio.
*Puedes recuperar también la crónica del Sónar de día en este otro link.