Este era el concierto que ansiaba ver el glorioso año del indie del 2005, cuando la generación Audiogalaxy nos descargamos un álbum autopublicado por una nueva e ignota banda de la escena cultural de Brooklyn que había agotado todas las copias entre bolos y envíos autogestionados por correo; un disco prolijo en referentes: sonaba a new wave, a art rock, a avant-garde, a CGCB, a radio universitaria y a toda una miríada de artistas, estilos y ganchos expuesta con el descaro de la juventud y la honestidad artística a plena vista (bueno, pleno oído) y que, aun así, insuflaba una bocanada de aire fresco en la escena indie. Sonaba a puro gozo, algunos presagiábamos un gran hito, un disco del año, quizá una banda que sería la next big thing (después llegó el segundo y arisco ‘Some Loud Thunder’ y las deserciones en la banda que acabó convirtiéndose en el proyecto en solitario del bueno de Alec Ounsworth, quien preña de portamentos y virguerías unas letras poéticas que abarcan del onirismo a la crítica política.

Sin embargo, organizar una gira para celebrar el vigésimo aniversario del debut de la banda no deja de ser un ejercicio de comercialización de la nostalgia destinada, claramente, a un segmento de mercado (sí, tú y yo, siento ser así de frío). ¿Está justificada? ¿Merece la pena? La respuesta a la segunda pregunta pertenece al ámbito íntimo y será siempre válida, independientemente del consenso, pero la respuesta a la primera podemos enlazar con la vigencia de la propuesta, que, siendo también subjetiva, igual la podemos calibrar o consensuar de forma colectiva. ¿Sigue sonando igual de vibrantes y de actuales ‘Different Class’, ‘(What’s the Story) Morning Glory’, ‘El fuego amigo’ musicalmente, líricamente, epistemológicamente? En esta calibración ¿no influirá también nuestra comprensión del entorno, nuestra propia nostalgia? ¿Lo medimos en la cantidad de gente capaz de viajar a Madrid, Sevilla, Sheffield o Manchester para reencontrarse con ese yo de hace veinte años?

Parece que me esté yendo por las ramas para evitar hablar del concierto y no es cierto (espólier: me gustó bastante), pero una inseguridad epistemológica inherente —demasiadas novelas de Philip K. Dick en el buche— y el ambiente de La(2) me dejaron con esta sensación de inseguridad. Total, vamos al meollo del asunto:
‘Clap Your Hands Say Yeah’ (autopublicado, 2005) es un disco que mantiene su vigencia veinte años más tarde. Es brillante, inteligente, resuma «obra conceptual» sin caer en la pedantería, sigue sorprendiendo por esa amalgama arty multirreferencial, tiene una frescura adictiva y estoy meridianamente seguro de que, a cualquier persona que le guste la música indie y no lo haya escuchado aún, le habremos descubierto una joyita.
Pero, ay, para nosotros, la generación Audiogalaxy, el tiempo no ha pasado en balde. Como decía al principio: ojalá haber asistido a este concierto en el 2005. Tuve una sensación de desencaje, en parte influido por un inicio titubeante, a piñón y con problemas de sonido, y en parte por un ambiente inicialmente frío. Media entrada, edad madura, sensación de encontrarse con parte del indie local y parte del indie que viene a recuperar un recuerdo. Un acto de nostalgia. Fueron ideas que me entorpecieron al inicio. La banda arrancó con un ’Some Loud Thunder’ que sonó fatal, todo sea dicho, con un Ounsworth señalando unas cuantas voces al monitor y al micro. A continuación, ‘Clap Your Hands!’, hermosa, gloriosamente irreconocible, inauguró el disco, que tocaron de arriba abajo con la excepción de las instrumentales (si no fueron absorbidas por sus correspondientes sucesoras) ‘Sunshine and Clouds’ y ‘Blue Turning Gray’. ‘Over and Over’ y ‘Sunshine and Clouds’ adolecieron de un sonido plano, donde el bajo apenas se percibía.

Y ahí andaba yo, enfurruñado por el sonido, por el ambiento, dándole vueltas a todo lo que os contaba al principio, cuando ‘Details of the War’ conectó directamente con el Álex de hace veinte años que escuchó ‘Clap Your Hands Say Yeah’ en archivos descargados de 128mpb cargado de ilusión y de juventud en la oficina de una editorial de género fantástico y me eché a llorar de la emoción.
¿Me entendéis cuando hablo de la vigencia del disco? Bueno, igual la estoy confundiendo con la nostalgia, ay, yo qué sé, dejadme tranquilo con mis contradicciones, pero ahí está: vibrando veinte años más tarde, igual que aquellas tardes de viernes antes de bajar al Poblenou, a la Razz o a la Déjà-Vu.

Supongo que esa fue la sensación que acabó embargando al público en cuanto se cruzó el ecuador del disco, ahí entre ‘Details of the War’ y la ya mencionada ‘The Skin of My Yellow Country Teeth’, el calor y el abrazo de una obra singular, una sensación que superó incluso los problemas iniciales, un sonido algo ramplón donde se perdían coros y detalles instrumentales. Por otra parte, hay que alabar la osadía de reinterpretar algunos de los temas: tal fue el caso de ‘Gimmie Some Salt’, donde Ounsworth se atrevió a rapear.

Justo después de esta, Alec anunció que el disco estaba llegando al final (al fin y al cabo, dura poco más de media hora) y reconoció esa punzada, ese «turmoil» que sentía en las entrañas al reinterpretar una obra tan transcendental para él a nivel personal, y lamentó la vigencia (volvemos al tema central del concierto) de ‘Upon This Tidal Wave of Young Blood’, compuesta en respuesta a la infame invasión, encabezada por Estados Unidos, de Irak, y que, veinte años después, parece interpelar a la administración Trump (del que pidió disculpas por haber salido elegido) y el extremismo y la violencia sembrado por semejante fantoche que tiene el país y el mundo entero al borde del abismo.

Como si la sensibilidad no estuviese ya a flor de piel, la segunda parte del concierto fue una hermosa redención acústica y muy sentida del ‘You Can’t Throw Your Arms Around a Memory’, de Johnny Thunders. De nuevo con la banda en el escenario, interpretaron algunos de los de temas del resto de la discografía antes de, con el público ya metido en el bolsillo, desatar la frenética y bailable ‘Satan Said Dance’. Para los bises dejó uno de los temas del último trabajo —el íntimo ’New Fragility’ (autopublicado, 2021)—, ‘Where They Perform Miracles’, que me permite recuperar una de las virtudes de la banda: con qué facilidad Alec Ounsworth alcanza cualquier nota y la ejecuta con sentimiento y precisión. El cierre vino con una ardiente ‘Coming Down’.
Clap Your Hands Say Yeah son una banda que han vivido una carrera errática, merecedores de un mejor reconocimiento, pero que dejaron hace veinte años una joyita única y, hace unos días, un poco de felicidad en unos tiempos en los que cualquier momento para disfrutar es no tan solo necesario, sino un acto de rebeldía.

Setlist:
- Some Loud Thunder
- Clap Your Hands!
- Let the Cool Goddess Rust Away
- Over and Over Again (Lost and Found)
- Details of the War
- The Skin of My Yellow Country Teeth
- Is This Love?
- Heavy Metal
- In This Home on Ice
- Gimmie Some Salt
- Upon This Tidal Wave of Young Blood
Bis:
- You Can’t Put Your Arms Around a Memory (cover de Johnny Thunders)
- Fireproof
- Ketamine and Ecstasy
- A Chance to Cure
- Satan Said Dance
Bis 2:
- Where They Perform Miracles
- Better Off