A principios de 2021 Anna B Savage irrumpía en nuestras vidas con un excepcional disco de debut (‘A Common Turn’), que le había costado más de 5 años de luchas personales para recuperar autoestimas perdidas tras su EP inicial de 2015 (nos lo explicó en esta entrevista). En 4 años, la artista londinense ha completado una deliciosa trilogía con ‘In|FLUX’ (2023) y el reciente ‘You & i are earth‘ (2025), álbum que venía a presentar a Barcelona. Una ciudad que ya había visitado en 2016 en el Primavera Club y hace unos pocos meses teloneando a St. Vincent en Razzmatazz. Así que ya era hora de verla como cabeza de cartel, tal y como se merece una artista mayúscula y con una repercusión ridícula, en proporción a su descomunal potencial musical y emocional.

El cantautor británico-ugandés Daudi Matsiko abrió la noche en el Club Sauvage (y cómo jode tener que llamar así a nuestro estimadísimo Sidecar, ahora reconvertido en antro de cartón piedra con pestazo a perfumería barata del Corte Inglés para guiris y expats; otro elemento decorativo más de esta ciudad podrida y vendida que nos están robando en nuestras propias narices). Matsiko publicó el año pasado el disco ‘The King of Misery‘, en el que reflexiona sobre la depresión y el trastorno bipolar que sufre, proceso que explicó durante el show. Un set breve, de tan solo 5 canciones, amenizado por sus entrañables charlas y agradecimientos (al público allí presente y a la propia Anna B Savage por haberle dejado abrir la gira durante 7 noches, acabando justo en Barcelona). Canciones folk que son susurros, punteos delicados de guitarra a volumen casi imperceptible, una versión del ‘Love Theme From Spartacus’ de Terry Callier o una invitación a cantar con él “Fuck off” (ay, cómo nos oigan los llorones merengues) en una sosegada ‘Hymn’ en que utilizó un organelle, sintetizador digital a medio camino entre un teclado y un omnichord.

Ya durante la actuación de obertura pudimos observar que el escenario estaba demasiado vacío, y en cuanto salió Anna se confirmaron nuestros temores: finalmente había venido sola, sin la banda que la ha estado acompañando durante la primera parte de la gira europea (Jack Wolter de Penelope Isles, Genevieve Dawson, Peter Darlington y Joe Taylor). La decepción inicial desapareció enseguida, en cuanto pronunció las primeras palabras de ‘Corncrakes’, única concesión a su excelente debut (“She mentions corncrakes in the Summer Book…“). Unos pocos segundos para volver a caer seducidos, por enésima vez, por esa voz peculiar, única, quizás influida inconscientemente por la formación clásica y operística de sus padres. Un envoltorio elegante y sedoso para cubrir una guitarra cruda, culminando una combinación sencilla y aparentemente antinatural, pero irresistible.

Tocó enseguida introducirse en los terrenos de su nuevo disco. Un álbum en el que el amor romántico y el geográfico se entremezclan formando un todo: ‘Donegal’, ciudad de la República de Irlanda en la que Anna no pudo hacer caso al consejo de su madre de no enamorarse (“The day I left home, my mother said to me: ‘Whatever you do, don’t fall in love. Please come back to me’. Well, I’m sorry, mum, I’ve gone and done it. The moss and the views, and that lovely man too, ooh“). Y la bellísima ‘Mo Cheol Thú’, en que nos explicó que en irlandés no hay manera de decir “Te quiero“, y lo más parecido es esta expresión que da título a la canción, que se traduciría como “Tú eres mi música” (“Cause you are my music. And, oh, I love you. You are my music. And I will sing you. Iss mo cheol thú“). Cuánta gente (o gentuza) podría tomar ejemplo de ella y de su decisión completamente natural y abierta de mente de interesarse y aprender la lengua de la tierra que la acogió, como signo de integración y respeto.

Las bellísimas ‘I Reach For You In My Sleep’ y ‘Big & Wild’ nos pusieron a los pies de otro de los momentos de la noche, cuando Anna nos animó a cantar con ella. O mejor dicho, a tararear la réplica de los versos de ‘Lighthouse’, otro de los momentos culminantes del álbum. Y para completar la fusión de música y naturaleza, las notas de ‘Talk To Me’, oscilantes como las olas del mar, nos balancearon el alma para intentar aislarnos de nuestras miserias cotidianas o de las maleducadas incapaces de comportarse en un concierto y de ver que, más allá de sus ombligos, hay vida, y personas y artistas que merecen un respeto en forma de silencio. Los conciertos son y deben de ser experiencias colectivas y no una selva de egoísmos, pero no se le puede pedir peras al olmo ni empatía común a lxs que están tan vacíxs por dentro que no saben vivir sin llamar la atención. Triste no, lo siguiente.

La parte final del show fue para canciones de ‘In|FLUX’: empezando por ‘Crown Shyness’, y su relato de bailes, sueños e incertezas. Continuó con la fantástica ‘The Ghost’, y esos fantasmas que nos persiguen sin dejarnos ser, pasen 4, 5, 6 o los años que hagan falta. Tras preguntarnos si estábamos a punto para bailar, disparó las bases de ‘in|FLUX’ para llevar al show a su momento más enérgico, dejándose ir con una colección de histriónicas muecas, gestos, bailes y golpes en la pared que acabó en el suelo y un trance colectivo de cagarnos en el amor en la noche post-Sant Jordi (“I want to be alone. I’m happy on my own. Believe me“). Y la noche acabó con la pausa de ‘The Orange’, Anna enseñándonos las camisetas diseñadas por ella misma, y el recuerdo, una vez más, de que por mucho que la vida te dé bandazos o haga subida prominente, siempre habrá música por la que valga la pena sentir. Con una simple guitarra, alguna base puntual y esa voz prodigiosa tuvo suficiente para esquivar monotonías y tejer un set cautivador y caleidoscópico. Benditas todas las Anna B Savages del mundo y resto del universo.

Setlist Anna B Savage:
- Corncrakes
- Donegal
- Mo Cheol Thú
- I Reach For You In My Sleep
- Big & Wild
- Lighthouse
- Talk To Me
- Crown Shyness
- The Ghost
- In|FLUX
- The Orange
Setlist Daudi Matsiko:
- I Need You To Stop Calling My Phone
- Love Theme From Spartacus (cover de Terry Callier)
- Fool Me As Many Times As You Like
- King Of Misery
- Hymn