Hablar de Lee Fields es hablar de resiliencia. Nacido en Carolina del Norte en 1950, Elmer Lee Fields comenzó su carrera musical a finales de los años 60, cuando el soul aún ardía en las radios y los clubs de todo Estados Unidos. Apodado “Little JB” por su asombroso parecido vocal y físico con James Brown, Fields grabó singles durante toda la década de los 70, colaborando con gigantes como Kool and the Gang, O.V. Wright y B.B. King. Sin embargo, su primer álbum completo, ‘Let’s Talk It Over’, no llegó hasta 1979, y para entonces el panorama musical ya había cambiado drásticamente.
La llegada del disco en los años 80 fue devastadora para artistas como Fields. Los clubs que antes lo contrataban empezaron a preferir DJs a bandas en vivo. El soul parecía haberse convertido en una reliquia del pasado. Fields tuvo que resignarse, dedicándose al sector inmobiliario en Newark, Nueva Jersey, para poder mantener a su familia. La música, su verdadera vocación, quedó relegada a actuaciones esporádicas en el circuito del soul sureño, lejos de los focos.

Pero la vida, cuando menos te lo esperas, puede tener otros planes para tí. A finales de los 90, el sello Desco Records (precursor de Daptone) redescubrió a Fields y le dio una segunda oportunidad. Y en los primeros años del nuevo milenio, cuando Amy Winehouse arrasó con ‘Back to Black’ (2006) —grabado con The Dap-Kings, la banda insignia de Daptone—, el mundo volvió a enamorarse del soul clásico. Este revival permitió que artistas como los malogrados Sharon Jones y Charles Bradley, que habían pasado décadas luchando en la oscuridad, finalmente recibieran el reconocimiento que merecían. Lee Fields, con su voz intacta y su espíritu indomable, encontró una nueva generación de fans que anhelaban autenticidad en un mundo cada vez más digital.
Y ahí está la magia de ver a Lee Fields en directo: no es simplemente asistir a un concierto. Es robar un cachito de tiempo al pasado. Desde el momento en que pisó el escenario del Razzmatazz 2 —un recinto abarrotado con 800 almas que habían colgado el cartel de “sold out”—, todo cambió.

Su metro sesenta de estatura no es ningún obstáculo para su presencia colosal. Los anillos, las cadenas, la hebilla del cinturón, el brillo de su chaqueta, cada detalle de su vestimenta nos transportó instantáneamente a la época dorada del soul. Y cuando abrió la boca para cantar, acompañado por su fiel banda The Expressions, el tiempo simplemente se detuvo.
El concierto arrancó con “You Can Count on Me”, y desde la primera nota, el público estaba en el bolsillo de Fields. La magia flotaba en el aire. Siguió con la melódica “Work to Do” y luego llegó uno de los momentos más especiales de la noche:”Ladies”. Durante esta canción, Fields hizo arrodillar a nuestro compañero de Indie Lovers, Álex Vidal, para bendecir el amor que le une a su alma gemela, Montse. El gesto, cargado de ternura y solemnidad, arrancó lágrimas y aplausos del público. Porque Lee Fields no solo canta sobre el amor; lo celebra, lo honra, lo convierte en algo sagrado.

El show prosiguió con “Still Hanging On”, “Talk to Somebody” y “My World”, una de sus grandes cimas. “Hipocresía, esta nueva democracia, fabricada con engaños y mentiras”, cantó Fields, sin necesidad de peroratas políticas. La canción lo decía todo. El mensaje era claro, universal, y todos en la sala lo entendimos.
Pero si hubo un momento que partió el alma, fue “I Wish You Were Here”. Fields anunció que hacía mucho tiempo que no interpretaba esta canción, dedicada a su hijo fallecido. La cantó entre lágrimas, desnudando su espíritu frente a nosotros. El silencio en la sala era sepulcral; las ganas de subir al escenario y darle un abrazo flotaban en el ambiente. Fue un momento de pura humanidad, de esos que te recuerdan por qué la música en vivo es insustituible.

El saxofonista Freddy DeBoe brilló con un solo demoledor en “Don’t Walk”, y después llegó “Never Be Another You” y una versión arrasadora del “Got to Get Through You” de T.S.U. Tornadoes, himno del soul texano. El concierto cerró con “Forever”, el tema que apareció en el anuncio de Farmer’s Dog emitido durante el descanso de la Super Bowl de 2023 y que ganó el USA Today AdMeter. La balada, emotiva y perfecta, selló una noche memorable.
Pero el público no estaba dispuesto a dejar ir a Lee Fields. La banda volvió al escenario. El riff inconfundible de “You Can’t Blame Me” de Johnson, Hawkins, Tatum & Durr dieron la bienvenida de nuevo a Fields, que se arrancó con “Honey Dove”. Despedida a lo grande.

Salimos del Razzmatazz 2 con las almas reparadas. Lee Fields, a sus 75 años, nos recordó que no importa lo jodida y complicada que esté la situación, lo cerca que estemos del abismo, lo mucho que arda el mundo a nuestro alrededor. Su música, su presencia, su pasión incondicional por lo que hace, nos devolvieron la fe. Nos recordaron que el amor no ha muerto y que no hay nada más bonito en la vida que un abrazo.
La interacción con el público fue cálida, emocionante e inspiradora. Fields no se limitó a cantar; se convirtió en esas canciones. Agarró nuestras tristezas, nuestros daños, y los arrancó a base de gritos y movimientos de cadera. A base de alma y canciones que calan muy dentro. Ver a Lee Fields en directo es comprender que la música verdadera viene de otro lugar. No de algoritmos ni de estudios de mercado, sino del corazón, de la lucha, de la vida misma. Y nosotros, los afortunados que estuvimos ahí ese sábado, salimos a la calle creyendo —o volviendo a creer— que todo es posible.
Gracias, hermano Lee, por volver a hacerlo.

Setlist:
- Strawberry (Intro)
- You Can Count on Me
- Ladies
- Time
- Wish You Were Here
- Still Hanging On
- Talk to Somebody
- My World
- Two Jobs
- Make The World
- Don’t Walk
- Never Be Another You
- Got to Get Through to You
- Forever
Bis:
- You Can’t Blame Me
- Honey Dove