Tess Parks (Sala Upload, 17/04/19)

Tess Parks (Foto: Ignasi Trapero)
Ruari Meehan (Foto: Ignasi Trapero)
Tess Parks (Foto: Ignasi Trapero)
Tess Parks (Foto: Ignasi Trapero)
Tess Parks (Foto: Ignasi Trapero)
Tess Parks (Foto: Ignasi Trapero)
Michael Sutton (Foto: Ignasi Trapero)
Tess Parks (Foto: Ignasi Trapero)
Rian O'Grady (Foto: Ignasi Trapero)
Tess Parks (Foto: Ignasi Trapero)
Francesco Perini (Foto: Ignasi Trapero)
Tess Parks (Foto: Ignasi Trapero)
Tess Parks (Foto: Ignasi Trapero)
Go!Zilla (Foto: Ignasi Trapero)
Go!Zilla (Foto: Ignasi Trapero)

A Tess Parks se la descubre principalmente por sus colaboraciones con Anton Newcombe, fundador de la banda The Brian Jonestown Massacre. Ha publicado ya dos discos con el carismático líder. El primero, en 2015, ‘I Declare Nothing’, y el último, en octubre de 2018, que lleva por título ‘Tess Parks & Anton Newcombe’. Aunque menos conocido, su debut en solitario, ‘Blood Hot’, publicado en 2013 en el sello 359 Music de Alan McGee, tuvo muy buena acogida de la crítica. Después de pasar por nuestra ciudad por primera vez en 2017, este miércoles Parks nos presentaba su segundo larga duración con Newcombe, siempre dentro de la programación del Barcelona Psych Fest, para poner broche final a la edición del festival de 2019.

Go!Zilla (Foto: Ignasi Trapero)

Entrar en la sala Upload este pasado miércoles plomizo y desierto de Semana Santa, me hizo pensar que el puñado de discípulos que nos habíamos citado a la hora de la cena, cabríamos en la misma mesa para celebrar la última noche del Barcelona Psych Fest de este año. El entrante de esa noche sería Go!Zilla, una energética banda originaria de Florencia, que sin ser infiel al rock psicodélico que la define, es capaz de distorsionarlo y fusionarlo hasta hacerlo casi irreconocible. Una sexy línea de bajo aquí añadía un punto jazz en alguna canción, una exótica percusión africana allá, un aroma funk en otras, y en algunas otras se apreciaba un regusto post-rock más que apetecible.

Tess Parks (Foto: Ignasi Trapero)

Ya de vuelta en la sala del errático viaje de los florentinos, el suelo en damero puso a funcionar su efecto óptico más distorsionado. Y las cortinas de terciopelo rojas que visten los dinteles de la sala preparaban la atmósfera para el plato fuerte de la noche. Tess Parks actuaría esta vez bajo un influjo muy diferente: el de su banda. Salieron todos vestidos de blanco integral, como el mantel en el que se serviría nuestro último ágape musical. Entre tanto blanco se distinguía el fondo negro de la pegatina enganchada en el bombo de la batería, con el lema de la noche: ‘Soy amig@ de Tess Parks’. Nuestra amiga entraba en el escenario contoneándose hasta alcanzar su posición central, con una pandereta en una mano, y una copa de lo que parecía ser vino en la otra.

Tess Parks (Foto: Ignasi Trapero)

La banda de Parks enseguida levantó una tormenta de rock psicodélico que barrió el low-fi de las canciones de su disco debut, y que preparó el terreno para que su líder arañara y estirara las letras de sus canciones. Sigue sorprendiéndome la voz gruñida y ronca que sale de un cuerpo en apariencia frágil por menudo. Parks recuerda a la Hope Sandoval de Mazzy Star, quizás ligeramente más peligrosa y oscura, pero con la misma cadencia seductora.

Tess Parks (Foto: Ignasi Trapero)

A penas sin pausa entre canción y canción, las reverberadas líneas de guitarras ofrecían un sostén de pelusa del que la cantante iba colgando su ansiedad, sus deseos, sus sueños, en forma de poemas cantados desconsoladamente. Hacia la mitad del concierto, Parks hizo una pausa para agradecer al público su asistencia y enunciar su mandamiento del amor: “You love yourself”, nos instó. Proféticamente, siguió con ‘I live’; y esperemos que lo haga por mucho tiempo, y tan intensamente como insinúa su poderoso ronroneo, que logró sumirnos en un estado hipnótico uniformemente acelerado.

Aún más memorable se nos ofreció hacia al final del concierto con ‘Voyage de l’Âme’ y ‘Please Never Die’, donde abandonó su guitarra en favor de la pandereta, que hizo sonar y sonar en una actuación lisérgica, hasta ponerse de rodillas mientras se zarandeaba de un lado a otro entregada a una especie de danza mística. A pesar de la transcendencia de las letras de esas canciones, la música que las viste logró que el público se arrancara a bailar ya entregado al misterio sensual de la excéntrica cantante. ‘Talking About the weather’ y ‘Grunewald’ sonaron ya en los bises para contentar a un público embriagado con la actuación.

Tampoco decepcionó en el cara a cara, cuando al preguntarle por el número 23 impreso en sus camisetas de merchandising nos respondió: “El número 23 es un número muy especial. También para mí. Si os fijáis veréis que está por todos lados”. En esta última noche de festival, tengo la sensación de que alguna verdad mística universal me fue revelada.

Tess Parks (Foto: Ignasi Trapero)

Setlist: 

  • Somedays
  • Cocaine Cat
  • French Monday
  • Mount Pleasant
  • Life Is But A Dream
  • German Tangerine
  • Monochrome Wound
  • Mama
  • I Live
  • Voyage
  • Right On
  • Please Never Die

Bises:

  • Talking About The Weather
  • Grunewald

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