El 20/2/74 marcó (nunca mejor dicho) el último tramo de la vida y obra de Philip K. Dick, el visionario autor de ciencia ficción que mejor ha sabido describir el actual mundo desarticulado (ya sabéis, su ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? es la base de Blade Runner; pero también Desafío total, Minority Report, El show de Truman —adaptación esta no reconocida pero bastante desacarada— y tantas otras películas que juegan con una realidad que se desmorona parten de sus relatos). Ese día, un chute de pentotal sódico, cortesía de su dentista, interactuó con una psique, inestable de por sí y al límite con los viajes de LSD que solía pegarse, y derivó en una visión en la que dios (un dios imperfecto y cruel, que ya había asomado en sus obras) le enviaba un mensaje a través de un haz de luz rosa coherente que surgía de un cuenco de cerámica, regalo de una vecina con un colgante en forma de ictios, el símbolo de los primeros católicos. Según Dick, que dedicó el resto de su vida en descifrar el mensaje, se le presentaba el mundo como una simulación y que, en realidad, estábamos aún en época del Imperio romano, inmersos en una negra prisión de acero cuyo velo nos enmascara el universo real, y donde Richard Nixon manejaba los hilos en las sombras. Si os atrevéis, VALIS narra ese viaje mediante una autoficción (término muy de moda pero que, como veis, no ha inventado hoy nadie) en la que el autor dialoga con un álter ego e intenta estructurar en su mente desarticulada semejante mensaje.

¿A qué viene todo esto? Porque las luces que se reflejaban en las clavijas del bajo de Rivka Ravede en la sala Paral·lel Club me llegaban como ese haz de luz rosa coherente, y porque asomarse al mundo de The Spirit of the Beehive es toda una experiencia, una catarsis armónica, una indagación a través del arte (es decir, de la trascendencia) a un mundo jodidamente desarticulado. El collage electrónico con que arrancó ‘Nail I Couldn’t Bite’ reforzó esa sensación deconstructivista y aparentemente inconexa, tan similiar a esos mundos desencajados de nuestro autor de cf favorito, en que nos íbamos a ver inmersos en una hora que se antojó escasa. Tal como nos apuntaba nuestro amigo Álvaro Rebollar, el puzle sonoro de la banda de Philly abarca tantos estilos e influencias, y los combinan de una forma tan singular e inteligente, que uno no puede resistirse al éxtasis. El setlist solo es una reducción a nuestro plano físico de un viaje sónico que, para quien escribe esto, se extendió, más que nueve, a noventa canciones y doscientas emociones diferentes. John Carpenter, shoegaze, Beatles, slowcore, country, noise, indie, grunge, electrónica, dark wave, hardcore, funk, K-pop, George Harrison, distorsión, My Bloody Valentine: llené el bloc de tantas notas y tan dispares que, de ellas, lo que saco en claro es cuán estimulante fue el bolo. También alienación, resiliencia, existencialismo, amor y ruptura. Ojo al dato, porque las dos últimas referencias discográficas (‘I’m So Lucky’, Saddle Creek, 2023; ‘You’ll Have To Lose Something’, Saddle Creek, 2024), exploran las sensaciones de la ruptura entre el guitarra Zack Schwartz y la bajista Rivka Ravede en un ejercicio de honestidad artística que desarma al más pintado.

Man/Woman/Chainsaw abrió fuego en la sala principal con la rutilante ‘The Boss’, un torbellino sónico provocado por las corrientes térmicas de seis jóvenes londinenses que tomaron el escenario con descaro y ganas de diversión. Su desparpajo, frescura y falta de prejuicios, añadidos a la virtuosidad, consigue que su propuesta, a medio camino entre el noise pop, el pop de cámara y el folk del violín, suene refrescante. En contraste con la sutileza arabesca del espíritu de la colmena, Man/Woman/Chainsaw convencieron por contagio y fuerza, con una envidiable falta de complejos, abrazando el ruido para encontrar en él la belleza, el orden oculto en el caos glorioso en el que se sumergen para resurgir y retornarlo en fieras melodías. ‘Adam & Steve’, de pletóricas armonías vocales, o ‘MadDog’, que provocó los primeros headbangs de la noche, son claros ejemplos de cómo sus composiciones pueden sonar abrasivas en un momento y oníricas poco después, así como ‘Grow a Tongue in Time’ nos permitió asomarnos a otra vertiente (más), la de la balada con ecos tradicionales con la que la voz (y el groove) de Vera Leppänen nos puso los vellos como escarpias. Al igual que Spirit of the Beehive, Man/Woman/Chainsaw también desafían las convenciones: no abundas las progresiones armónicas canónicas, aunque su propuesta es más juguetona, la del break, el cambio de ritmo y el loud/quiet/loud del indie primigenio, de cuando Pixies rompían esquemas y no aburrían a las ovejas.

Pero si un grupo desafió las convenciones (si es que existen) sobre el eje del cartel de esta edición, el art rock, ese fue el dúo bristolense Getdown Services. Todo lo desafiante que puede ser un concierto con las bases grabadas (sí, ya sé que estáis pensando en aquel dúo de Nottingham que tanto nos gusta) y sonido Casiotone. A Josh Law y Ben Sadler les costó un poco despabilar al respetable tras la perplejidad inicial, aun a pesar de las arengas aprendidas en su paso por el Mercat de Música Viva de Vic (“we know we are in Catalunya, visca Catalunya, collons!”); la comunicación funcionó a trompicones con un público dividido en dos bandos: los que venían con los deberes hechos y los conocían del boca oreja (y que, en cuanto calentaron, fueron generosos en bailes, berridos y vasos volantes) y los que se dedicaron a imitar a Don Tancredo, birra bien cerrada en mano, charleta y sudando de todo. Por suerte, a medida que se caldeaba el ambiente con hitazos improbables como ‘Crisps’, ‘Evil on Tap’, ‘Dog Dribble’, Get Down Jamie’, ‘Cream of the Crop’ o ‘Real Big Hitter’. Mordaces y sin miedo al ridículo, Ben y Josh insistieron e insistieron hasta ganar el pulso y erigirse como el grupo revelación del festival. Pero que el jolgorio no nos impida prestar atención al bagaje musical que carga este dúo a sus espaldas: en sus canciones donde lucen cándidos homenajes al disco, a las melodías setenteras, el pop ochentero, el hip-hop y a AC/DC (con una versión ‘Back in Black’ con solo desopilante al final). El concierto acabó siendo una fiesta, aunque el sonido enlatado deslustró un poco todos esos referentes, pero, ante el empeño, las continuas arengas y el desparpajo, ¿quién iba a resistirse a bailar y sudar un rato?

Y de un éxito inesperado a una decepción improbable que posiblemente se habría evitado con un sonido mejor. Dry Cleaning sonaron deslucidos, con los bajos engurruñados y la voz de Florence Shaw, quizá el instrumento más importante del sonido de la banda, diluida en un espacio que amortiguó el brillo. Si tan ni siquiera hubiesen subido los decibelios a tope. Una lástima, porque lo que se veía en el escenario daba para concierto de aquellos que perduran en el recuerdo: una banda hipnótica, capaz de tejer un tapiz denso y exquisito, tanto en canciones inéditas de su próximo álbum (‘Cruise Ship Designer’, que aparecerá en el próximo disco, ‘Secret Love’, en enero del 2026; o una luminosa ‘Joy’), como en algunos cortes ya clásicos de su carrera. ‘Her Hippo’, por ejemplo, destacó en la guitarra de Tom Dowse, que sirvió un conmovedor lamento eléctrico, pero en el se echó de menos el aura arty que otorga la tesitura recitada de Shaw. Al bajo, Lewis Maynard también dejó momentos de postal: su bajo dinámico se convirtió en los hombros de gigante sobre los que se mantuvo en pie el bolo, y aún se permitió algunos momentos de lucimiento como en ‘Don’t Press Me’, donde se llevó las cuatro cuerdas a los labios, o ‘Scratchcard Landyard’. A pesar de las sombras, aunque pareciese que teníamos los oídos sumergidos en un tanque, podemos rescatar el trabajo de una banda sólida, que cuestiona continuamente al oyente y lo hace partícipe de una propuesta incómoda, exigente y cerebral.

En definitiva, esta segunda edición del Soundhood SON Estrella Galicia, reducida a una sola jornada, ha conseguido, como bien nos dijo nuestro amigo y fundador del Afores Fest Gabri Guerrero, ganarse un prestigio por el buen criterio a la hora de montar un cartel coherente. Ojalá mantenga esta línea (y que no coincida con el In-Edit, por favor, que no podemos desdoblarnos cual dios dickiano).
Setlists:
Spirit of the Beehive:
- Nail I Couldn’t Bite
- Mantra Is Repeated
- I’ve Been Evil
- Sorry Pore Injector
- Natural Devotion
- The Cut Depicts the Cut
- I Suck the Devil’s Cock
- Earth Kit
- Can I Receive the Contact?
Man/Woman/Chainsaw:
- The Boss
- Adam & Steve
- MadDog
- God Damn Lizard Man
- Get Up and Dance
- Maegan
- Only Girl
- Something Else
- What Lucy Found There
- Ode to Clio
Getdown Services:
Lo sentimos mucho, pero este no pudimos conseguirlo 🙁
Dry Cleaning:
- Strong Feelings
- Gary Ashby
- Jam After School
- Cruise Ship Designer
- Hot Penny Day
- Her Hippo
- Evil Evil Idiot
- Don’t Press Me
- Joy
- Driver’s Story
- Hit My Head All Day
- Scratchcard Lanyard
- Magic of Meghan
- Anna Calls from the Arctic
Bises:
- No Decent Shoes for Rain