Opinión: fotógrafxs, no delincuentes

Anna i Marina (Foto: Idoia Recuenco)

Periódicamente, y de forma bastante aleatoria, los medios de comunicación musicales nos encontramos con situaciones absurdas y recibimos un trato fuera de lugar que nos cabrea. Cuando eso pasa, nos cagamos en todo entre nosotros, pero luego no movemos un dedo para intentar solucionarlo, por pereza en algunos casos o por miedo a las consecuencias, en otros. Al final es algo que pasa en todos los oficios y en diferentes ámbitos de la vida. Recuerdo el caso del intento de censura y amenazas con que nos encontramos hace un año y medio y que ya os detallamos en esta web, peticiones caprichosas de artistas que te hacen firmar según qué contratos para poder fotografiar sus conciertos, bandas que te piden sin ninguna vergüenza que les regales fotos, menospreciando el tiempo y el trabajo que te ha supuesto hacerlas, editarlas y publicarlas, o hasta artistas que, directamente, cogen tus fotos sin permiso y las cuelgan en sus propias redes sin ni siquiera citarte (sí, hay gente así de caradura).

Billy Nomates (Foto: Meritxell Rosell)

Recientemente nos encontramos con otra situación que también provocó la indignación general de lxs implicadxs, y sobre la que queríamos reflexionar públicamente, para exponerla, pero especialmente para mirarnos al ombligo con autocrítica y cuestionarnos si no habría que considerar ya una reacción de rechazo en bloque por parte de los medios musicales. Y mira que no es nada nuevo, puesto que nos hemos encontrado ya en varias ocasiones en esta tesitura, hasta el punto que acabas por normalizar lo injustificable. Pero por la razón que sea, llega un momento en que las gotas malayas acaban por desbordar, y creo que en este tema en concreto el otro día llegó este punto. Y es que estamos hartxs de recibir según qué trato y de normativas incomprensibles que no responden a ninguna explicación sensata y razonable y que parecen más un capricho o una demostración de poder sin sentido que no algo que haya que acatar porque hay una razón real para hacerlo.

Triángulo de Amor Bizarro (Foto: Jordi Trenzano)

Como ya os hemos explicado alguna vez, hay una norma bastante aceptada de que a lxs fotógrafxs de conciertos se les permite hacer fotos durante las tres primeras canciones del show. Podríamos discutir si es un precepto razonable o no, claro. Cuesta de imaginar que a lxs fotógrafxs deportivxs sólo se les dejara hacer fotos del primer cuarto de hora de un partido (y suerte ahí si alguien marca en el minuto 90…), o a lxs fotógrafxs políticxs sólo se les permitiera tomar imágenes de los tres primeros parlamentos de una sesión de investidura que dure 10 horas. Pero, por lo que sea, en los conciertos está asumido que es casi siempre así (afortunadamente también hay bandas que te dejan trabajar todo el show, que quede claro). Quienes defienden esta norma argumentan que el trabajo de lxs fotógrafxs puede molestar al público que ha pagado su entrada para disfrutar del artista en cuestión o incluso descentrar a quien esté sobre el escenario. Razones que se pueden llegar a entender, sobre todo en conciertos más íntimos y relajados, pero que también abren el debate de si no molesta tanto o más la gente que se pasa el concierto grabando con el móvil, hablando o bailando sin camiseta a tu lado. Pero “pagant Sant Pere canta“, que diríamos en Catalunya. Y ya hace tiempo que parece que, con el precio de la entrada, también compras el derecho a ser incívico y egoísta, obviando a las personas que tienes alrededor. El capitalismo lo compra todo, amiguitxs.

Ryder The Eagle (Foto: Marina Tomas Roch)

También podríamos preguntarnos por qué la gran mayoría de las salas de conciertos o de promotores no habilitan un espacio de trabajo adecuado para lxs profesionales de la fotografía, como pueda ser un foso separado del público donde desaparezcan las molestias recíprocas (porque también es molesto el fan que, con actitudes intransigentes y cero empáticas, no te permite hacer tu trabajo durante los 10-15 minutos en que se te autoriza a hacerlo). Si lxs técnicxs de sonido, lxs periodistas, el personal de seguridad, el de barras, etc. tenemos espacios específicos para hacer nuestro trabajo, ¿por qué lxs fotógrafxs no lo tienen y deben llegar 2 horas antes y pelearse con lxs fans en primera fila para poder trabajar en unas mínimas condiciones…?

Mandy, Indiana (Foto: Christian Bertrand)

Sea como sea, cuando esto pasa, lxs fotógrafxs se adaptan a la norma (qué remedio…), toman fotos tres canciones, guardan las cámaras y, como deferencia a alguien que con su trabajo va a ayudar a publicitar el evento y al artista en cuestión, a quien quiere se le permite quedarse a ver el resto del concierto, y quien así lo prefiere se va a cenar, a tomar una cerveza o a su casa a editar las fotos o a hacer lo que le dé la real gana. Esto es así es la gran mayoría de conciertos… pero no siempre. En algún caso, y curiosamente suele ser siempre con promotoras grandes, se informa que lxs fotógrafxs deben abandonar la sala cuando acaben de fotografiar las tres primeras canciones. La excusa que se suele dar son razones de aforo y/o seguridad, sobre todo en los conciertos en que se agotan las entradas. Podría llegar a entenderse si no fuera porque, implícitamente, ese argumento delata que durante las tres primeras canciones en que lxs fotógrafxs están en la sala se están pasando por el forro esa seguridad que ponen de excusa luego, pero vaya… aquí volveríamos al debate de por qué no hay espacios para fotógrafxs en las salas para trabajar con seguridad, además de hacerlo con comodidad.

Gilla Band (Foto: Javier Rosa)

La cuestión es que, días atrás, nos encontramos nuevamente en esa situación, con el pequeño detalle de que la sala no estaba llena, ni mucho menos. De hecho, y como pasa a veces cuando se han vendido pocas entradas para el aforo del lugar en que se celebre el concierto, se habían habilitado sillas para ocupar mayor espacio y disimular el pinchazo de ventas respecto a las expectativas iniciales de la promotora. El primer motivo de enfado llegó cuando se les dijo a lxs fotógrafxs que sólo podían situarse en un punto en concreto de los laterales, sin posibilidad de moverse por la sala de un lateral al otro, y que desde allí “tenían un buen tiro de cámara“. Es decir, tenían tres canciones para hacer fotos desde una única perspectiva, elegida por alguien que no se dedica a la fotografía y que les estaba diciendo cómo hacer su trabajo. ¿El motivo? El de siempre: no molestar. Servidor estaba sentado tomando apuntes para la crónica y tuvo que aguantar todo el concierto a gente pasando arriba y abajo para comprar cerveza golpeándote y salpicándote, pero “pagant Sant Pere continuava cantant“. Pero que lxs compañerxs hicieran su trabajo por el lateral sin tapar la visión de nadie resultaba poco menos que un crimen…

Julie Byrne (Foto: Irene Segalés)

Pero el cabreo de verdad llegó cuando pasaron las tres primeras canciones. Viendo las circunstancias y el espacio de sobras que había en las dos plantas de la sala, todxs pensábamos que no habría problema para que lxs fotógrafxs que quisieran quedarse lo hicieran… pero no: la amenaza se cumplió. Como profesoras que recogen a niñxs de párvulos al final de la hora del patio, procedieron a reunir a lxs fotógrafxs y a expulsarlos de la sala. Como si hubieran provocado un altercadoComo si pudieran contagiar alguna enfermedad. Y, la gota que colmó el vaso, la excusa fue que el guardarropa estaba cerrado y no había espacio para que guardaran las mochilas con las cámaras. Yo esa noche también llevaba mochila y no fue ningún impedimento para disfrutar del concierto, poniéndomela primero a los pies y luego en el asiento vacío a mi lado con el concierto ya empezado. Y es que, si algo había en la sala esa noche precisamente era espacio de sobras, así que no sabíamos si se les estaba insultando su inteligencia, si era recochineo, o si, directamente, estaban insinuando que alguien aprovecharía para sacar la cámara y hacer alguna foto más, dudando de la profesionalidad de todxs ellxs.

Angel Olsen (Foto: Sergi Fornols)

Os puedo asegurar que, al enterarme de lo que estaba pasando, el enfado que sentí fue monumental y estuve las primeras canciones completamente fuera del show, pensando si largarme ipso facto y prescindir de la crónica o si hacer un texto crudo centrado en lo que había pasado y obviar aquello por lo que habíamos venido: la música. En estos casos suele ser mejor dejar pasar el calentón para que se enfríen los ánimos y no hacer nada de lo que luego te puedas arrepentir, así que optamos por esa solución. Tras hablarlo con nuestrx fotógrafx, también enormemente cabreadx, y después de un primer momento de reflexión, decidimos que la artista en cuestión no tenía ninguna culpa de las decisiones de terceras personas (fuera la promotora, su mánager o quien quisiera que hubiera decretado esa norma sin sentido), así que optamos por hacer la crónica y fotogalería habituales con las imágenes que pudiéramos salvar en esas condiciones limitadas de trabajo, y dejar reposar los ánimos y ordenar las ideas para reflexionar al respecto con más calma en un artículo posterior. Este que estás leyendo, si es que has llegado a este punto de la turra.

Les Savy Fav (Foto: Clara Orozco)

Como ya comenté en el artículo de hace año y medio, admito que para esta web es mucho más fácil exponer estas situaciones y denunciar este tipo de tratos indignos porque en Indie Lovers tenemos toda la independencia que nos permite nuestra propia autocensura, ya que no vivimos de este trabajo. Y digo trabajo, porque que lo hagamos por amor al arte sin remuneración alguna no quiere decir que no lo sea. En esta casa hay periodistas, fotógrafxs y gente que se gana la vida en ámbitos que no tienen nada que ver con la comunicación, pero todo lo que hacemos es con la máxima dedicación, profesionalidad, pasión e invirtiendo todo el tiempo libre que requiera la tarea. A partir de ahí, entendemos perfectamente que si hay intereses publicitarios o económicos en juego o futuras acreditaciones para otros eventos, puedas dejar pasar según qué cosas y seguir con un patadón para arriba, comiéndote tu propio orgullo. Pero, sinceramente, creo que por dignidad colectiva, deberíamos plantarnos de una vez ante según qué tipo de actitudes y tratos ridículos que cuestionen nuestra profesionalidad, que intenten entrometerse en nuestro trabajo o imponer normas arbitrarias e injustificadas que ataquen al sentido común y a nuestra propia integridad como profesionales de la comunicación, sea desde la palabra o desde la imagen.

Carlota Flâneur (Foto: Roser Gamonal)

Y quizás habría que preguntarse también si, cuando nos volvamos a encontrar con una situación así, no sería el momento de dejar de interesarnos por los eventos de las promotoras que actúen con estas formas. Esa es una dinámica que llevábamos tiempo siguiendo en esta casa con una promotora en concreto, ante el ninguneo constante y las trabas y negativas sistemáticas a la hora de acreditarnos para intentar hacer nuestro trabajo, y que quisimos romper esta vez por el interés singular que nos parecía que tenía esta cita en cuestión y por ser una artista a la que llevamos tiempo siguiendo. Seguramente nos equivocamos. Es verdad que hay casos de promotoras tan grandes y que acaparan tantos conciertos que tomar esa decisión supone cerrarse las puertas de cobertura de muchas giras, pero será que no hay conciertos interesantes en Barcelona donde elegir cada día (esa misma noche, de hecho, estuvimos dudando si priorizar otro al que al final no fuimos).

Les Sueques (Foto: Dani Cantó / Primavera Sound)

En definitiva, lxs fotógrafxs no son malhechores, ni apestadxs, ni vienen a molestar a nadie. Simplemente son profesionales que están haciendo su trabajo lo mejor que pueden y les dejan. Y cuando es así, todxs nos maravillamos de las imágenes que pueden llegar a captar gracias a su talento, su conocimiento, su dedicación y su experiencia. Habrá quien actúe mejor o peor, como en todos los ámbitos, pero no por ello tienen que pagar justos por pecadores. Por eso, lo que sí que molesta hasta el hartazgo es que se les trate como si fueran un estorbo o niñxs de parvulario. Porque son fotógrafxs, no delincuentes.

Escrito por

Raret com una cançó de Sonic Youth; m'excito amb el 'Psycho' dels Sonics; si m'emprenyo, Pistols, RATM, Sandré, riot grrrls o Los Punsetes; em posen igual soul, r’n’b, ye-yé, garatge, punk, r’n’r, indie o britpop. De gran vull ser Patti Smith, Iggy o John Waters. Ateu fins que vaig conèixer PJ HARVEY. Vaig ser negre en una altra vida… i faig l'impostor com a periodista musical i esportiu a ràdio, TV, webs i revistes diverses.

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